Como resultado de los desastres en los últimos 25 años, el país ha experimentado pérdidas por el orden de los 6,200 millones de dólares, es decir, pérdidas anuales de 238 millones de dólares, según la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).

Nicaragua el país de los peligros

Desde antes que Nicaragua fuese habitada por seres humanos, los volcanes, terremotos, sequías, tormentas, huracanes, deslizamientos de tierra y maremotos han moldeado la geografía nacional. Estos fenómenos adquieren la dimensión de “desastres naturales” cuando las personas se asientan en lugares inapropiados para vivir. Ante esto, hoy más que nunca urge sentar las bases de una […]

  • Desde antes que Nicaragua fuese habitada por seres humanos, los volcanes, terremotos, sequías, tormentas, huracanes, deslizamientos de tierra y maremotos han moldeado la geografía nacional. Estos fenómenos adquieren la dimensión de “desastres naturales” cuando las personas se asientan en lugares inapropiados para vivir. Ante esto, hoy más que nunca urge sentar las bases de una cultura de prevención

Benjamín Blanco [email protected]

A pesar de que el recuento histórico demuestra que el número de eventos naturales que ha causado daños en vidas humanas en los últimos 500 años en Nicaragua, promedian 100 por siglo, es decir, uno por año, el 68.4 por ciento de un total de 1,500 encuestados aceptaron no estar preparados para enfrentar una situación de emergencia o un desastre natural.

Pero quizás lo más preocupante es que el 80.7 por ciento de esta misma muestra reconoció no haber recibido información o entrenamiento alguno sobre la prevención de desastres.

La encuesta que abarcó las regiones del Pacífico, norte y centro del país, realizada en noviembre de 2000, forma parte de la primera fase del proyecto Cultura de Prevención e Información de los Desastres Naturales en Nicaragua, ejecutado por el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) con el apoyo del Centro para la Prevención de Desastres Naturales en América Central (Cepredenac) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Del bajo porcentaje de la población encuestada que afirma saber qué hacer en caso de desastres naturales (18.7 por ciento), llama la atención que un 57.4 por ciento de este porcentaje afirma haberse enterado al respecto a través de los medios de comunicación social. A su vez, un 47 por ciento de este porcentaje considera estar preparados para una eventualidad significa almacenar alimentos.

Sin embargo, cabe recalcar la necesidad de que los medios de comunicación trabajen más estrechamente en la prevención de desastres, pues al valorar su credibilidad, sólo el 55.3 por ciento de los encuestados considera que los medios han prevenido a la población de la eventualidad de los desastres, y un 75.2 por ciento considera que cuando suceden desastres naturales algún medio de información en ocasiones exagera la noticia.

En relación con la causa de los desastres naturales, el 43.9 de los encuestados lo atribuye a la furia de la naturaleza, el 23.9 por ciento a castigo de Dios, el 20.3 a trastornos ambientales, y sólo el 17.7 por ciento cree que se deba a ubicación en zonas inapropiadas. El restante 5.8 por ciento lo atribuye a otras causas.

POCA MEMORIA HISTORICA

Otro dato relevante del estudio es la confirmación de la brevedad de la memoria histórica en la conciencia social y el enorme vacío de conocimiento científico sobre las causas de los fenómenos naturales y de los desastres, al igual que la percepción del temor mayoritariamente acentuado en los efectos que provocan los fuertes aguaceros.

Por ejemplo, el 64.6 de los encuestados de Managua aseguran que en su zona no ha ocurrido un desastre natural, pese a que la capital figura como uno de los cuatro municipios de mayor riesgo a nivel nacional que continuamente está expuesto a las inundaciones, y a que en el siglo veinte la ciudad fue destruida en dos oportunidades por sendos terremotos (1931 y 1972).

PELIGROS COMBINADOS

Debido a su localización geográfica y origen geológico, Nicaragua está expuesta a los efectos de una gama de fenómenos naturales de diferentes tipos, magnitud y recurrencia, que pueden generar al menos siete diferentes tipos de desastres naturales.

En cualquier parte del mapa de Nicaragua donde uno ponga el dedo, existe alguno o todos los tipos de peligros combinados que pueden expresarse en diversos grados.

Quienes viven en zonas altas montañosas se exponen al riesgo de los deslizamientos de tierra. Los que viven zonas bajas están expuestos a inundaciones. Los habitantes de la zona del litoral Pacífico están expuestos a los tsunamis (maremotos) que acechan con tragarse a los pobladores con su gigantesco tren de olas que, en promedio, se desata cada diez años.

El terremoto que destruyó Managua en 1972 tuvo una magnitud de 6.7 en la escala Richter, y cualquier terremoto ocurrido en el lecho oceánico que supera los 4 grados es considerado potencial generador de tsunamis.

Si se vive en el Pacífico, los volcanes están a la orden del día, pues seis volcanes activos son objeto de vigilancia permanente por parte del Ineter: San Cristóbal, Telica, Cerro Negro, Momotombo, Masaya y Concepción.

Quienes viven en la costa Caribe no están rodeados por volcanes, pero allí cada año hay huracanes. Y quienes se deciden venir a vivir a la capital pensando que ésta ofrece mejores oportunidades económicas y sociales, deberían saber que esta ciudad está construida literalmente sobre un nido de volcanes y sobre un gigantesco vidrio roto de fallas geológicas que la atraviesan por todas partes.

UN POSIBLE «LAGOMOTO»

“Tampoco Managua está exenta del peligro de los tsunamis o maremotos lacustres, que a la postre tal vez deberíamos bautizar como ‘lagomotos’, para que nuestra población de las riberas de los lagos Xolotlán y Cocibolca tenga presente este tipo de peligro al que está expuesta”, señala la Guía de Comunicación y Gestión de Riesgo para Periodistas, elaborada recientemente por el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter).

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