- Los cariocas no dejaron dudas en su segunda presentación
Edgard Tijerino M. [email protected]
Desde siempre, el juego de Brasil en Copas del Mundo, ha parecido ser producto de un pintor que, valiéndose de los siete colores del espectro y la dualidad armónica de la luz y las sombras, produce una serie de combinaciones magistrales, que deleitan, asombran y garantizan un gran espectáculo.
Ayer frente a China, durante una goleada de 4 por 0, Brasil continuó haciendo ajustes, ofreciendo en algunos momentos, aprovechando esa superioridad manifiesta sobre China, ciertos toques de la magia que le permite ser fácilmente identificable en cualquier cancha del mundo y con cualquier color de uniforme.
Sorprendió China en el inicio con su velocidad, entendimiento e irrespeto… Durante los primeros minutos, los brasileños estuvieron persiguiendo conejos, que además de correr, fabricaron un par de posibilidades preocupantes.
Era necesario esperar a los chinos un poco para taparlos en lugar de anticiparlos, y luego, manejarse a un toque de balón para inutilizar su capacidad de hostigamiento y alterarles el sistema nervioso.
Se necesitaba sí, un gol de ventaja para manejar la pelota con cierta comodidad y moverse hacia los espacios vacíos con mayor propiedad… Y eso ocurrió a los 15 minutos, cuando Roberto Carlos, apretó el gatillo cobrando un tiro libre desde más allá de casi 20 metros, y su balazo se convirtió en bola de fuego antes de sacudir la red de Jiang Ji… Ese tipo de disparos, provoca rugidos en la multitud, y los 35 mil aficionados en el Estadio Seogwipo de Corea, sintieron que desde el centro de la tierra, una descarga eléctrica de vertiginoso ascenso, los estremecía.
La segunda estocada, digna de cualquiera de los Mosqueteros, fue fabricada por Ronaldinho que se aproximó al fondo desde la izquierda, centró hacia el área chica, facilitando la penetración oportuna y el remate casi a quemarropa de Rivaldo a los 32 minutos.
Con la pizarra 2-0, los chinos se sintieron desarmados, insignificantes, expuestos a una fuerza poética que podía convertirse en arrasadora y destrozarlos… Sobre el cierre del primer tiempo, con Ronaldo, mostrándose cada vez más firme y flexible, capaz de conectar su talento prodigioso con sus músculos, Brasil aumentó la diferencia 3-0.
Corría el minuto 44, cuando Juninho robó una pelota por la derecha, entregó a Ronaldo que avanzó hacia el centro buscando acompañamiento y encontró a Ronaldinho. Funcionó la pared, esa jugada que Coutinho y Pelé estudiaron en Oxford, y el pase de Ronaldinho fue recibido por Ronaldo entrando al area… Zigzagueó en brasileño y fue frenado por una combinación de obstrucción y empujón, decretándose el penal. Vista la jugada desde cualquier ángulo, no había nada que discutir, y lo cobró Ronaldinho para el 3-0.
Brasil pudo seguir apretando el acelerador en el segundo tiempo, pero prefirió deslizarse hacia lo prudente, tratando de sujetar a los chinos cerrándoles las salidas y preocupándolos con la posibilidad latente de contragolpes.
El tiro de gracia se produjo a los 55 minutos. Rivaldo desde atrás, trazó un arco iris perfecto hacia el pecho de Cafú convertido en almohada. Con la pelota aprisionada en los cordones de sus botines, Cafú que quitó de encima a dos defensas y sirvió un postre de higos a Ronaldo. El astro la empujó sin violencia ante los ojos agrandados de Jiang Ji, para el 4-0.
Con 6 puntos en dos juegos aprovechando el penal inventado a Luizao contra Turquía, Brasil espera ahora por Costa Rica, duelo programado para el 13 de junio en Suwon, a los 30 minutos de la madrugada, hora pinolera.
Mientras Brasil termina de asentarse, revitalizar su confianza y tratar de desembocar en su “juego bonito”, uno se pregunta: ¿Volveremos a disfrutar de bailes de Samba?.
ARMA OCULTA
Scolari volvió a utilizar a Denilsson en el segundo tiempo. Lo hizo ingresar por Ronaldinho, sin buscar efectos rápidos como en otras ocasiones por tratarse de un partido que se ganaba con tranquilidad.
El Técnico necesita darle cancha y observar a un hombre que está programado para funcionar como arma oculta, y que si las circunstancias lo exigen, podría ser colocado en la alineación de apertura.
Denilsson es energía pura, destreza, un genuino representante del futbol arte, un especialista en la bicicleta y los desbordes, pero ha sido acusado de un excesivo individualismo.
“Estoy listo para cualquier misión y en cualquier momento. Lo que deseo, lo que me estimula, es jugar, demostrar que puedo ser un eficiente contribuyente”, le dijo al cronista español Carlos Toro.
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