Caras largas y pocos bailes

Alfonso GilEFE YOKOHAMA, JAPÓN.- Las celebraciones de los goles no han alcanzado la espectacularidad esperada en el Mundial, ya que apenas se producen bailes o festejos preparados de antemano y, en cambio, algunos goleadores con el turco Hasan Sas o el italiano Cristian Vieri parecen estar molestos por haber logrado un tanto. En el capítulo […]

Alfonso GilEFE

YOKOHAMA, JAPÓN.- Las celebraciones de los goles no han alcanzado la espectacularidad esperada en el Mundial, ya que apenas se producen bailes o festejos preparados de antemano y, en cambio, algunos goleadores con el turco Hasan Sas o el italiano Cristian Vieri parecen estar molestos por haber logrado un tanto.

En el capítulo de celebraciones, los principios fueron, sin embargo, esperanzadores, puesto que el primer tanto del Mundial, logrado por el senegalés Papa Bouba Diop en el encuentro inaugural ante Francia, estuvo acompañado de todo un ritual festivo.

El goleador se marchó hacia el córner, dejó la camiseta en el suelo e instó a sus compañeros a acercarse para bailar en círculo en torno a la prenda, como si de un dios merecedor de adoración se tratara.

A partir de entonces, pocos goles que destacar por el júbilo ocasionado. Quizá se puedan reseñar los volatines de Miroslav Klose, el alemán que encabeza la lista de anotadores del Mundial con cuatro tantos y que en estos momentos sufre algunas molestias que, en principio, no deben ser consecuencia del festejo.

Precisamente en el partido entre Alemania e Irlanda, en el que Klose había marcado, el irlandés Robbie Keane emuló al alemán, pero amplió sus saltos a una doble voltereta. No era para menos. El gol del empate había llegado en el minuto 92.

No han faltado en el Mundial algunas celebraciones más clásicas como la del español Raúl González, quien tras marcar el primer gol ante Eslovenia besó, como es tradicional, su anillo y puso la vista en la grada.

Samuel Eto’o, el delantero de Camerún que juega en el Mallorca, fue de los que optó por quitarse la camiseta. Lo hizo tras conseguir un gol ante Arabia Saudí y de inmediato se puso a correr para fundirse en un abrazo con su técnico, el alemán Wilfred Schafer, lo que ha supuesto uno de los contrastes cromáticos más intensos del Mundial hasta el momento.

Festejos eclipsados

En cualquier caso, algunos de los festejos de los goleadores se han visto eclipsados, al menos para los televidentes, por la atención que las cámaras han prestado a los seleccionadores en el momento del gol.

Todo empezó por el morbo de la tibia sonrisa del seleccionador de Inglaterra, el sueco Sven-Goran Ericksson, en el partido entre Inglaterra y Suecia, cuando su equipo abrió el marcador.

A partir de entonces han sido constantes las imágenes de un entrenador abrazando al masajista o al tercer portero tras un gol, difundidas justo en el momento en el que los jugadores procedían a besarse y abrazarse, lo que ha privado al espectador de disfrutar de una parte de la fiesta.

Pocos torsos desnudos, en cualquier caso, pero menos camisetas interiores con leyendas del estilo de “Felicidades, mamá”, que en el algunos campeonatos de clubes son frecuentes cuando el gol sube al marcador y que el futbolista suele mostrar tras tratar de impedir que algún compañero se cruce entre la leyenda y una de las cámaras próximas.

Quizá no aparezcan este tipo de camisetas como consecuencia de la aplicación extrema de las normas de la FIFA sobre la publicidad en el equipamiento deportivo, aunque teóricamente estas reglas no deberán afectar a estas prendas, en las que los futbolistas suelen llevan dedicatorias, no anuncios.

No todo ha sido fiesta en los goles. Por supuesto, los que se han marcado cuando el equipo va por detrás en el marcador o son tantos en propia meta del rival, apenas conllevan celebraciones. En el primer caso porque lo importante es reanudar el juego cuanto antes y en el segundo por respeto al que a punto ha estado de hacerse el “harakiri”.  

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