Alberto L. Alemá[email protected]
BERLIN.- La cara más fea de la nueva realidad después de la reunificación es el auge del neonazismo y la xenofobia en este país, el más influyente de Europa, particularmente en el Este.
Alemania es un país aún acosado por los recuerdos de la historia y la barbarie nazi contra los judíos. De acuerdo a la Oficina Federal para Asuntos de los Extranjeros, unos 7 millones 297 mil extranjeros vivían en Alemania en 2000, lo que representaba un 9 por ciento de la población total.
Sin embargo, esta actividad es más o menos marginal si uno atiende las estadísticas. Según cifras oficiales de 2000, había unos 51,400 elementos neonazis. De ellos, 9,000 eran considerados “violentos”. En julio de 2001, la población del país era de más de 83 millones de personas.
Los primeros años de la década pasada vieron el abrupto incremento de las agresiones por motivos xenófobos, aunque a mediados de ese tiempo ocurrió un descenso.
En 1999 hubo unos 746 crímenes ligados a la extrema derecha, incluyendo tres asesinatos, los primeros en tres años.
Según funcionarios de las Oficinas de Asuntos de los Extranjeros en Berlín y Dresden, la mayoría de los casos ocurrió en el Este, un fenómeno atribuido a la desfavorable situación económica de algunos sectores.
Las autoridades federales y regionales emprenden campañas sistemáticas para desestimular estas actividades, y decenas de organismos no gubernamentales son activos en contrarrestar los sentimientos anti-emigrantes y xenófobos.