Edgard Rodríguez C. [email protected]
Más allá de las connotaciones que efectivamente tiene el fútbol como mera expresión comercial, nada parece perturbar aquí su dominio entre las atracciones para los aficionados.
Claro, del dos de julio en adelante, el entusiasmo vendrá en descenso y las cosas volverán al sitio normal. Sin embargo, mientras eso sucede, todos estamos dispuestos a no perdernos detalle de lo que está aconteciendo en Asia, aunque eso implica los molestos desvelos que debemos pasar.
No obstante, además de la pasión que en efecto provoca el fútbol, hay cierta vanidad en todo el “sacrificio” que se hace para ver los partidos. En cada rueda de amigos o conocidos, fútbol es el tema dominante y se hace necesario estar “bien informado” para llevar el liderazgo en el debate.
Entonces, opinamos “con propiedad”, criticamos estrategias y planteamos variantes que debieron aplicar los equipos. Los chavalos son más arrechos. Descalifican a un jugador si pierde una clara, o a veces no tan clara oportunidad de gol, y al portero lo destrozan si no detuvo el penalti.
Sin embargo, nada de malo hay en eso. Quizá lo lamentable es que a todo ese entusiasmo no se le saque provecho. Y no se trata de culpar a federaciones o instituciones dedicadas a promover el deporte. Lo que pasa es que esta es la temporada del fútbol y la estamos viviendo.
La Serie Final del béisbol ha tenido la ventaja de que los horarios no chocan y eso ha permitido que las asistencias a los parques sean también tremendas. Pero incluso, ahí, en medio del soque que producen el Bóer y Chinandega, se habla de fútbol y la emoción sigue al máximo.
De ninguna manera intento discutir la popularidad del béisbol. Eso como que lo traemos en la sangre. Y como me decía Edgard Tijerino una noche de éstas, “sería interesante una batalla por captar audiencia televisiva entre el fútbol y un duelo de Vicente Padilla con Randy Johnson.
Creo que incluso en esa circunstancia, el fútbol se impondría. Y no digo que eso lo sintamos o lo disfrutemos más que un magistral trabajo de Padilla o un par de jonrones de Marvin Benard, pero esta es la época del fútbol, y al menos durante este período, se torna demasiado envolvente.
Ni siquiera los Juegos Olímpicos con su gama de acontecimientos, tienen tanta audiencia como el fútbol, observado por 500 millones de personas en su inauguración el pasado 31 de mayo en Seúl, Corea, mientras se implantan récords de ingresos al sitio oficial de la FIFA en Internet.
“En este mes todos ´sabemos´ de fútbol”, me dice Hijalmar Padilla. Y es cierto. (Ahora, hay gente que sí sabe) Pero más que eso, todos queremos estar en los debates. Necesitamos alimentar nuestra vanidad, aunque del dos de julio en adelante, tendremos que pensar a qué dedicaremos nuestra atención.