- En Corea del Sur “no todo perro que camina va a parar al asador”
Erskine McCulloughAFP
SEÚL.- En Corea del Sur no todos los perros tienen como destino una parrilla o cacerola, como podría llevar a pensar la campaña desatada por los defensores de los derechos de los animales de todo el mundo contra la tradición local de consumir carne de can.
Por ejemplo, los caniches mimados de Chungmuro, un barrio del centro de Seúl, no tienen para nada esa preocupación desde su primer baño con champú.
En la calle Toegyero, en una tienda de mascotas, centenares de cockers, caniches y fox-terriers esperan un propietario. Rico, de preferencia. Lo que ocurre es que estos animales no están al alcance de todos los bolsillos.
“El precio medio es de 400,000 a 500,000 won (350 a 430 dólares) por un macho y de 600,000 (520 dólares) por una hembra”, señaló el propietario del lugar, Seo Jin Ho.
“El perro más caro que he vendido fue uno de una raza francesa poco común. Pagaron por él cinco millones de won (4,300 dólares). Muy poca gente puede pagar ese precio”, subrayó.
Pero, el comercio canino ha despertado auténticas vocaciones.
Muy cerca de esta tienda se encuentra la escuela Rainho, creada hace diez años, especializada en la enseñanza de “cuidados y belleza” de perros, la cual se ha visto obligada a rechazar alumnos.
Los 55 que actualmente cursan estudios pagan 300,000 won (250 dólares) por mes durante un año para aprender los cortes de pelo de cada raza, peinar, cortar las uñas y otros cuidados para los regalones de los pudientes.
“No hay escasez de estudiantes. La mayoría encuentra trabajo al finalizar sus cursos, en lugares como, por ejemplo, el Instituto Coreano de Belleza para Animales de Compañía”, explicó el director de la escuela, Son Jae Keun.
Detrás suyo, una treintena de alumnos trabaja con gran ajetreo alrededor de varios perros, peinándolos o cortándoles el pelo con unas delgadas tijeras de “coiffeur”.
En las paredes hay retratos de hermosos ejemplares de diversas razas. “Un corte cuesta 30,000 won (25 dólares) y la mayoría de los propietarios traen a sus animales una vez por mes”, agregó Son.
VENTA DE ACCESORIOS
En la misma calle, una veintena de tiendas especializadas ofrecen todo tipo de accesorios, perfumes e, inclusive, alhajas para perros. Hasta es posible encontrar un spray para aquellos animalitos cuyo aliento no está a la altura de su “standing”.
En caso de problemas de salud, la clínica veterinaria del doctor Hwand ofrece todos los servicios.
Una radioscopía cuesta entre 10,000 y 15,000 won (de 9 a 13,5 dólares) y el tratamiento para una pata rota puede alcanzar los 300,000 (250 dólares).
“Tener un perro resulta caro”, confirmó con cierto orgullo, Cheon Mi-Ae, mientras su perro asoma el hocico por la boca de su canasto. “Pero, es algo de lo que no me privo, me cuesta caro, pero adoro a mi perro”, apostilló.
Sin lugar a dudas, una muestra más de dos facetas opuestas de un mismo país en el que conviven las tradiciones ancestrales con la aculturación occidental. En todo caso, no es muy frecuente ver perros en la calle.