Niños del refugio Modesto Armijo, quienes resultaron afectados por las lluvias de la semana pasada.

Niños indefensos ante desastres

En el último temporal el 55 por ciento de los afectados fueron menores. Amalia Morales [email protected] La lluvia empapó primero las paredes de cartón, del frente y el trasero del cuarto habitado por María Eugenia Centeno y sus cinco hijos, todos menores de 15 años. El agua se filtró de inmediato al piso de tierra. […]

  • En el último temporal el 55 por ciento de los afectados fueron menores.

Amalia Morales [email protected]

La lluvia empapó primero las paredes de cartón, del frente y el trasero del cuarto habitado por María Eugenia Centeno y sus cinco hijos, todos menores de 15 años.

El agua se filtró de inmediato al piso de tierra. Pero no fue el lodo el que echó a la mujer y a su prole del cuarto, sino la correntada hedionda del sumidero vecino que se rebalsó con las lluvias.

Con la acometida del agua, Centeno dice que al primero que agarró fue al cumiche de sus hijos, de año y medio. A Belkis de 12 años, la mayor de sus hijas, le encargó a las dos hermanas menores. Y el mayor de sus muchachos, un varón de 14 años, que se considera el hombre de la casa, apoyó la huida de las anteriores.

La escena anterior no es un recuerdo del huracán Mitch en 1998. Pasó esta semana en el asentamiento Hugo Chávez en Managua, y en otras localidades del país, que fueron afectadas por las lluvias.

El temporal damnificó por seis días a casi 3,000 personas, de las cuales el 55 por ciento fueron niños.

Desde recién nacidos hasta adolescentes de todo tamaño, jefeados por sus madres, repletaron los 10 refugios, dispuestos en esta última emergencia.

En el refugio organizado en el Colegio Modesto Armijo, donde fueron a parar Centeno y sus vástagos, de las 317 personas, 185 eran menores de 15 años.

Mientras que en el Colegio Azul y Blanco, de 105 gentes que huyeron del agua en el asentamiento, El Laberinto, 63 fueron niños y adolescentes.

NIÑOS NO SABEN QUÉ HACER

Belkis Icabalceta, la hija de Centeno, dice que cuando el cuarto se inundó ella no supo qué hacer y se quedó a esperar lo que su mamá dispusiera.

La falta de preparación ante un desastre natural no es una carencia particular de los niños.

En las escuelas, se supone, que a los niños les enseñan a prevenir, mitigar y enfrentar desastres, sin embargo, Belkis con cuarto grado aprobado, no recuerda ninguna orientación escolar al respecto.

Jacqueline Pavón, que estudia ya sexto grado, tampoco siguió ninguna enseñanza a la hora que su casa del asentamiento El Laberinto fue embestida por el agua. “A mí me da miedo”, dice Pavón, de 12 años de edad. Agrega: “me aflijo, dan ganas de llorar”.

Y es que tal vez no advierten las desgracias, pero sí las sienten. El paso del Mitch marcó las emociones de uno de cada cinco que lo padeció, allende las muertes que provocó tragedias como el deslave del Casita, en Posoltega.

Las mujeres fueron otro grupo con secuelas emocionales, según la encuesta de la Coordinadora Civil que brinda un dato del 71 por ciento de ellas.

Jacqueline, su madre y su hermano, tendrían que dejar el refugio el fin de semana. Para ella, volver a su casa, significa hasta cierto punto, regresar a un sitio inseguro. “En la noche me aflijo más”, dice.

El reciente estudio “Así vemos… así queremos Nicaragua”, de la Procuraduría Especial de la Niñez y la Adolescencia, revela que un 11 por ciento de los niños, de 1,200 encuestados, considera que habita una casa poco o muy insegura.

El temor de los niños no es infundado. Al menos siete de cada 10 viviendas del país se encuentran en regular o mal estado, según indica la encuesta nacional sobre Medición del Nivel de Vida, MECOVI-2001.

Y en el campo, donde viven más niños (un 43 por ciento de la población menor de 15 años), la inseguridad es mayor. Sólo el 10 por ciento está en buenas condiciones.

Belkis, ahora no está en la escuela, y como ella poco más de un millón de niños que al menos quisieran saber qué hacer ante un desastre natural, situación tan recurrente en el país.

Alrededor de dos millones de nicaragüenses tienen menos de 15 años, la mayoría de ellos son población vulnerable a las tragedias naturales. Son las víctimas desarmadas de terremotos, inundaciones, derrumbes, erupciones, incendios y cuanto capricho natural ocurra en este país.  

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