- Con una superficie de 3,000 kilómetros cuadrados, la Reserva Biológica Indio Maíz constituye el núcleo de la Reserva de Biosfera del Sureste de Nicaragua, y es un eslabón fundamental del Corredor Biológico Mesoamericano. “La presión más preocupante es la de los pobladores que se meten a la reserva; es la (gente) que viene desde el oeste del municipio de El Castillo por el Río Maíz y la que viene avanzando por Punta Gorda”, dijo Rafael García Fernández, coordinador de un grupo de expedicionarios que fueron a la zona.
Gabriela Roa [email protected]
Primera Entrega
El avance de la frontera agrícola, principalmente en los bordes norte y oeste, es la amenaza más grave que enfrenta la Reserva Biológica Indio Maíz, según pudo constatar un equipo periodístico de LA PRENSA durante una expedición científica que organizó la Fundación Amigos del Río San Juan (Fundar), en coordinación con el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (Marena), y el Ejército.
Penetrar la densa pluvioselva de la reserva para descubrir sus tesoros y amenazas es como realizar un viaje en el tiempo hasta la época en que nuestros antepasados vivían a merced de la madre naturaleza.
Y es que pese a las fuertes presiones que ejercen los campesinos de la zona por un pedazo de este santuario natural, para convertirlo en un potrero o en un lugar de siembra, es una de las áreas protegidas mejor conservada del país, que bien vale proteger para después no lamentar.
Con una superficie de 3,000 kilómetros cuadrados, la Reserva Biológica Indio Maíz constituye el núcleo de la Reserva de Biosfera del Sureste de Nicaragua y un eslabón fundamental del Corredor Biológico Mesoamericano.
CONECTADA A LOS TICOS
La reserva se conecta con el refugio de Vida Silvestre Río San Juan que a su vez se une con las áreas protegidas costarricenses.
“La presión más preocupante es la de los pobladores que se meten a la reserva; es la (gente) que viene desde el oeste del municipio de El Castillo por el Río Maíz y la que viene avanzando por Punta Gorda”, dijo Rafael García Fernández, coordinador del grupo de expedicionarios.
Agregó que estas personas saben que están ingresando a una reserva, pero “no existen los instrumentos jurídicos para detenerlos, alguien va, destroza varias manzanas, se le manda a sacar, pero ningún juez lo condena”.
En la zona de Río Maíz, Buitrago aseguró que hay una comunidad asentada de forma ilegal dentro de la reserva que está destruyendo la fauna y la flora. “Ahí llega un barco semanalmente desde Bluefields a traer carne de chancho de monte”, dijo.
CAZA FURTIVA
La caza furtiva en esta zona exige el cumplimiento de los acuerdos institucionales para proteger la reserva, según García.
“Se necesita una mayor coordinación entre las autoridades de seguridad pública con las autoridades de protección de los recursos naturales para resguardar una área tan extensa”, señaló.
Los campesinos que necesitan tierras para la agricultura o ganadería, debido a la difícil situación económica de la zona o de negociantes de tierra, sin mencionar los intereses de extracción de madera y comercialización de fauna silvestre, son amenazas que resuenan cada vez más fuerte dentro de la reserva.
Pequeños ranchos vistos durante la expedición son las huellas del delito que dejaron al descubierto el ingreso de los cazadores ilegales.
Asimismo, Esteban Díaz Gómez, guía de la zona, comentó que por la ribera del Río San Juan entran ticos con nicaragüenses a cazar a la reserva, principalmente en verano.
OCUPACIÓN DE ALGUNAS ÁREAS
Alejandro Coulson, Alcalde de San Juan del Norte, admitió que la ocupación de algunas áreas de la reserva es un problema muy serio, que sin recursos debe enfrentar una municipalidad que alberga el 70 por ciento de la reserva.
“Necesitamos crear alternativas de empleo para que el campesino pobre que está sin trabajo, no tenga que entrar a la reserva a buscar la comida de sus hijos”, dijo Coulson.
Según el edil, actualmente hay unas 250 personas dentro de la reserva, sin contar a los ramaquí, etnia que por su historia ingresa a la zona.
“Es necesario promover una educación ambiental, para el campesino que se mete a las tierras y no sabe hasta dónde puede llegar”, recomendó.
REFORZAR PROTECCIÓN DE LA ZONA
Además, se debe reforzar la protección en la zona capacitando a guardabosques municipales, porque los que hay actualmente son pocos para un territorio tan extenso, según el alcalde.
Paralelo a esto, es necesario apoyar esta zona con una plan de desarrollo integral, para aliviar la difícil situación económica en que viven sus pobladores.
Coulson reiteró la importancia de acondicionar un aeropuerto en San Juan del Norte para atraer las inversiones a una zona con mucho potencial para el turismo, pero sobre todo para futuras investigaciones en la reserva.
“Ojalá se hiciera un centro de estudio biológico con las riquezas que tenemos”, subrayó.
MARENA SIN PRESUPUESTO
Iván Ortega, Director de la Secretaría Ejecutiva de la Reserva de Biosfera del sureste, admitió que el ingreso de precaristas a la reserva es un forcejeo de nunca acabar, porque en ocasiones anteriores los han desalojado y luego vuelven a entrar.
“El diagnóstico que tenemos es de siete familias que reingresaron, porque fueron desalojadas judicialmente el año pasado, más diez familias que están ingresando a cultivar”, dijo.
Por tanto, aseguró que esperan organizar pronto otro operativo para desalojar a estas familias. “Nosotros a través de los puestos de control que tenemos en Río San Juan realizamos recorridos periódicos con el Ejército, pero no cubren el 100 por ciento de la reserva ni son todo el tiempo”, lamentó.
Según Ortega, cuentan con 44 guardabosques para toda la Reserva de Biosfera y aunque tratan de priorizar la reserva Biológica Indio Maíz aún es insuficiente.
MÁS PUESTOS DE CONTROL
Anunció que pronto iniciarán la construcción de seis puestos nuevos de control y se van a contratar unos 18 guardabosques más.
Lo anterior se logrará con financiamiento de la Cooperación Española, porque la secretaría ejecutiva no cuenta con un presupuesto propio para ejercer su labor y trabaja con proyectos de cooperación externa.
Mencionó que están elaborando los cálculos para presentar una solicitud ante el Ministerio de Hacienda y Crédito Público.
“Se necesitarían unos cinco millones de córdobas para mantener la administración, pero para reforzar la seguridad esta cifra se dispararía”, afirmó.
PROTECCIÓN LEGAL
Las áreas protegidas del sureste de Nicaragua (siete en total), fueron creadas legalmente el 17 de abril de 1990 a través del Decreto Ejecutivo número 527. Entre estas áreas fue creada la Gran Reserva Biológica Indio Maíz.
-El 18 de junio de 1999, mediante Decreto Ejecutivo número 66-99, se actualizaron y precisaron los límites y categorías de las áreas del sureste, de manera que se nombró como Reserva Biológica Indio Maíz a una parte de la antigua Gran Reserva Biológica.
-El resto del área de la antigua Gran Reserva pasó a formar parte de otras áreas protegidas con diferentes categorías de manejo.
-Las reservas biológicas son áreas extensas que poseen ecorregiones representativas inalteradas, y, por ende, ecosistemas, rasgos geológicos, fisiográficos o especies de gran valor científico y representativo, destinadas principalmente a actividades de investigación científica o monitoreo ecológico.
-Según el Informe del Estado Ambiental en Nicaragua, del año pasado del Marena, el estado actual de conservación de la Reserva Biológica Indio Maíz es “alto”, según la integridad estimada de la cobertura vegetal del área y sus asociaciones naturales.
-Sin embargo, carece de un plan de manejo, porque poco se conoce la abundante biodiversidad que guarda.
-La región presenta un clima tropical lluvioso. El período de lluvia se extiende de mayo a enero, y la estación seca varía entre febrero y mayo, con un mínimo de lluvias en marzo.
ESPEJOS DE AGUA
Existen cuatro componentes hídricos fundamentales que influyen en esta área: Río San Juan, Río Indio, Río Maíz y Mar Caribe. Debe agregarse al sistema los espejos de agua de Sílico, Ebo, y varias lagunas menores que forman parte de los valores ecológicos y paisajísticos del área.