- Con una moderna pista aérea, una flota pesquera de 46 barcos, un astillero y una procesadora de mariscos
y pescado que por muchos años le dio trabajo a la mayoría de sus habitantes, El Bluff debería de ser uno de los poblados más desarrollados de la Costa Caribe nicaragüense.
Textos y Fotos:
Orlando Valenzuela
Ubicado a tres kilómetros de la ciudad de Bluefields y en la entrada principal de la bahía del mismo nombre, El Bluff no solo es importante por su privilegiada posición geográfica, sino también por su importancia histórica, ya que de aquí, el primero de agosto de 1894, el general Rigoberto Cabezas, envió su ultimátum de rendición al último rey mosco, Robert H. Clarence, acto que culminó pacíficamente con el ingreso de las tropas nicaragüenses a la ciudad de Bluefields, hecho que marcó el fin del dominio inglés de nuestra Costa Caribe y la reincorporación total de todos los territorios de la Mosquitia.
Durante muchos años, El Bluff fue el puerto principal de la ciudad de Bluefields y un importante centro de procesamiento de mariscos de toda clase, especialmente camarones y langosta, actividad que generaba empleo a la mayoría de la población nativa, pues, mientras los pescadores artesanales vendían su producción a Oceanic, centenares de mujeres laboraban en esta planta maquiladora.
Con estas empresas trabajando a toda capacidad, el puerto mantenía un intenso movimiento de carga, ya que de aquí se exportaba directamente a los mercados internacionales el marisco maquilado.
Pero esta situación cambió bruscamente a partir de diciembre de 2000, cuando cerró la empresa maquiladora Oceanic S.A. y la Gulf King envió toda su flota de barcos a maquilar el producto a Corn Island, provocando la mayor crisis económica en la historia de este poblado costeño.
EXPLOTACIÓN DE RECURSOS
A pesar que durante muchos años las compañías extranjeras explotaron los recursos naturales de la Costa Atlántica, en El Bluff no se notan los beneficios de esas riquezas en las calles ni en las casas de sus habitantes, que siguen en la misma pobreza de siempre.
Para colmo, los pobladores de El Bluff acusan a los de Bluefields de mantenerlos marginados y en el olvido, a tal punto que sólo los consideran como un barrio más de la ciudad de los “campos azules”. Por esta razón, los “blufeños” sienten que ya es hora de “independizarse” de Bluefields y convertirse en un municipio más de la Región Autónoma del Atlántico Sur.
Como prueba, los blufeños refieren que todos los impuestos que pagan las empresas establecidas en su pueblo se quedan en Bluefields o se van directamente a la capital, dejándoles sólo el mar sobreexplotado. El poblado se mantiene sucio porque no cuenta con tren de aseo, esto debido a que el terreno no es apto para hacer un relleno sanitario. Por esa razón, la gente del sector cuatro usa la pista del aeropuerto como basurero.
Otro motivo por el cual sienten que son explotados, es por el hecho de que mientras en Bluefields sus pobladores pagan 1,25 córdobas por kilowat de energía, en El Bluff ellos pagan 2,50 por el mismo servicio. Igualmente, los blufeños resienten el alto costo del transporte (20 córdobas) que tienen que pagar para viajar en panga los tres kilómetros que los separan de Bluefields.
UN PUEBLO DE PESCADORES
El Bluff siempre ha sido un puerto y pueblo de pescadores, pero en la actualidad no es ninguna de estas dos cosas, pues ya no llegan barcos a su muelle porque no hay nada que exportar, ni hay pescadores porque los que hay no tienen bote con que ir a pescar, por eso la mayoría de sus habitantes andan de marinos, haciendo rumbos de albañilería o fontanería, de vendedores ambulantes, cargadores de sacos en los muelles de Bluefields o simplemente sobreviviendo de la ayuda de la población.
Quizás por esa razón es que el tráfico de drogas se ha incrementado en El Bluff, donde muchos padres de familia se encuentran alarmados por el peligro que esta actividad delictiva representa para sus hijos. Además, a esto se suma el alto nivel de consumo de licor que existe entre los jóvenes y adultos de este poblado. Y las críticas a la Policía no se hacen esperar, pues la señalan de negligente, ya que capturan a los expendedores de drogas, pero luego los dejan libres.
El suboficial mayor Juan Artola Solís, jefe de sector de la Policía, dijo que, efectivamente, en el Bluff existen nueve expendios de droga, principalmente crack, identificados con nombre y apellido, pero que sólo con orden del juez se puede catear esas casas, y resulta que cuando lo hacen ya no hay nada. El oficial atribuye esto al miedo que existe entre la población de dar información sobre esta actividad, por eso iniciarán un programa para sensibilizar a la población para que pierda el miedo y denuncie esta actividad delictiva. En todo caso, sólo tres policías y sin presupuesto no pueden hacer mucho.
Pero no todo es gris en El Bluff, pues muchos jóvenes, la inmensa mayoría, se dedica al estudio y al deporte, donde el básquetbol y el béisbol son sus mayores pasiones, aunque últimamente el fútbol ha atrapado el interés de muchos, sobre todo influenciados por los canales de la televisión tica y por la fiebre del mundial.
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