Después de 34 años de pescar en los bancos camaroneros de Brasil, Panamá, México, Estados Unidos y su natal Nicaragua, don Joel Hansack, de 54 años, está convencido de que ha llegado la hora de aplicar con rigor las leyes de la pesca para salvar los recursos marinos que tiene nuestra plataforma continental. Esto sólo se logra decretando y haciendo cumplir una estricta veda de las especies marinas en proceso de reproducción y desarrollo.
Nadie más indicado que personas como don Joel para advertir los peligros que se ciernen sobre la población costeña, que vive de la pesca y captura de pescado, camarón, langosta y otros manjares del mar.
La preocupación de don Joel se basa en experiencias que ha vivido en otros países, como la vez que llegó a la Guayana Británica, en 1972, y se encontró con más de 500 barcos sacando camarón de sus aguas territoriales. Después que regresó allí, en 1998, para cargar arroz hacia Holanda, se enteró de que el país tuvo que decretar una veda total porque las compañías pesqueras extranjeras habían terminado con toda la reserva marina que había en sus aguas. “Eso no me gustaría que pase aquí, porque sería una desgracia para el país, especialmente para los costeños”, afirmó don Joel.
Según él, actualmente el mar territorial de Nicaragua es explotado únicamente por flotas pesqueras extranjeras, pues nuestro país no cuenta con una flota nacional desde 1990.
En total, en aguas de la Región Autónoma del Atlántico Sur se encuentra una flota mexicana de 8 barcos pesqueros, 11 barcos camaroneros coreanos, 12 salvadoreños y otros 46 de la Gulf King, que tiene su base de operaciones en El Bluff, pero que procesa su producto en Corn Island.
Denunció que mientras a los pescadores artesanales nicaragüenses les prohíben salir a capturar langostas en tiempo de veda y que traigan a tierra sus nasas, los hondureños, que tienen una considerable flota en aguas nacionales, tienen miles de trampas en alta mar, haciéndole un enorme daño a nuestros recursos naturales, “y esto no aguanta mucho si sigue así, sobreexplotado el recurso marino”, advirtió don Joel.
Don Joel es miembro de la Cooperativa Hermandad Blufeña, formada desde 1994, pero no funciona porque ninguno de los 52 socios tiene bote propio por falta de financiamiento. “Cada uno sobrevive por su cuenta, pues unos andan capitaneando barcos, otros de marineros o cocineros en las calles de Bluefields, otros andan jalando carretas, pero nadie se dedica a la pesca, porque aquí hay pescadores, pero los pescadores no están pescando, porque no tienen con qué pescar”, se lamentó.