Sentado en el piso del porche de su casa y en medio de chistes y música caribeña, Garnet Vendles nunca ha sentido más placenteras las manos de sus hermanas y de su mamá, que también disfrutan haciéndole trenzas con hule en las puntas de su cabello.
Garnet es un blufeño de 33 años, que al igual que muchos otros, sólo viene esporádicamente de visita al pueblo donde nació, pues la mayoría del año la pasa trabajando en el extranjero, de donde envía remesas para ayudar a su familia.
Primero la guerra y después la falta de oportunidades en Nicaragua, hicieron que Garnet abandonara su país cuando tenía 14 años y se quedara trabajando en las petroleras del Golfo de México.
A pesar que la guerra terminó hace más de diez años, Garnet no ve condiciones para quedarse en su pueblo natal, ya que en El Bluff y en Bluefields no hay empleo, y si encuentra, los salarios son tan bajos que no le ajusta ni para comer.
Garnet es alegre y bromista, por eso disfruta al máximo las visitas que cada tres meses en el año hace a su familia y amistades. Con sus ahorros, Vendles instaló una moderna discoteca en El Bluff, pero la falta de empleo que padece la población también le afecta, porque nadie llega a bailar con el estómago vacío.
“Yo vengo porque aquí están mi familia y mis amigos, y quisiera quedarme, pero aquí no hay vida, todas las empresas están cerradas y no puedo sobrevivir de la disco, por eso no puedo quedarme en mi país y tengo que ir a trabajar a otro para ayudar a mi familia”, insistió Garnet.