- Un reto para los expertos y para la historia del fútbol
Edgard Tijerino [email protected]
Hay huellas que el tiempo no borra, que permanecen grabadas en alto relieve soportando imperturbables los embates de huracanes, levantando polvo mientras se siguen desplazando a la orilla del coche del progreso asegurando que nunca perderán actualidad.
Como las de Pelé en los Mundiales del 58 y el 70, las de Eusebio en el 66, las de Cruyff y Beckenbauer en el 74, las de Kempes en el 78, las de Rossi en el 82 y las de Maradona en el 86 y el 90.
¿Cuál ha sido el mejor jugador que se ha visto en un Mundial?.
La polémica surge con la velocidad del fuego provocado por el calor del fósforo arrimado imprudentemente a un barril de gasolina… Finalmente, llega la explosión.
¿Pelé o Maradona?…Y no es que se pretenda restarle méritos a la furia devastadora de Eusebio, al talento de Beckembauer, a la capacidad de Cruyff para convertirse en símbolo del fútbol total, al ímpetu de Kempes o al olfato increíblemente preciso de Rossi, sino que después de un análisis frío, objetivo y adecuadamente meditado, uno llega a la conclusión de que Pelé y Maradona han sido los jugadores más influyentes que han aparecido en pantalla durante las Copas del Mundo.
EL IMPACTO DE PELÉ
En su momento, Pelé dio la impresión de ser un producto de la fantasía. Su capacidad para improvisar, su capacidad para desequilibrar, su habilidad para gambetear, picar, retroceder, aplicarle variantes a sus maniobras sobre la marcha y sobrevivir al juego destructivo quedaron certificadas desde su impresionante presentación de credenciales en el Mundial del 58.
Sus actuaciones frente a Francia y Suecia con apenas 17 años encima, forman parte de la antología del fútbol. En el 62, lesionado, fue obligado a abandonar la trinchera cediéndole sitio a Amarildo que creció vertiginosamente convirtiéndose en una de las figuras estelares de aquel Brasil que tenía a Garrincha, Vava, Nilton, Santos, Diddi y resto de la constelación de estrellas que garantizaron el bi-campeonato aún sin el aporte de Pelé.
Sin respaldo y acorralado por el fútbol brusco de los búlgaros, Pelé sólo pudo contribuir con un tiro libre frente a Bulgaria en el Mundial del 66 mientras Brasil era eliminado en la primera etapa consecuencia de derrotas inapelables por 3-1 frente a Portugal y Hungría.
SU ACTUACIÓN CUMBRE
Fue en 1970 que “El Rey” ofreció las pruebas más fehacientes de su calidad fuera de serie. En medio de una galería de fulgurantes astros como Gerson, Tostao, Jaizinho, Rivelino, Carlos Alberto y Clodoaldo, Pelé dejó estampado su sello en el pase a Jair frente a Inglaterra; el amague increíble frente a Uruguay que dejó con la boca abierta al arquero Mazurkiewicz, a la defensa uruguaya y también a casi 80 mil espectadores… El tiro que nadie sospechó contra Checoslovaquia desde media cancha, mientras el arquero Víctor se llevaba las manos a la cabeza y el cabezazo espectacular encima del defensa italiano Burnich después de una aparición fantasmal.
En la época en que el fútbol total alcanzaba su mayor grado de desarrollo, justo cuando las marcas en toda la cancha eran más flexibles y asfixiantes, en el momento en que era necesario tener un ojo en la parte de atrás del cuello para poder conseguir un verdadero sentido tri-dimensional de la cancha y la ubicación de la pelota apareció Maradona, el chavalo que fue descartado por Menotti contra el criterio de los expertos días antes del Mundial del 78.
Aún sin la madurez requerida, y como parte de un equipo desprovisto de la mínima sincronización, Maradona naufragó parcialmente en el Mundial de España en 1982, y después de una amarga experiencia en el Barcelona de España, pasó al Nápoles del exigente fútbol italiano y el gran jugador consiguió mostrar su gran potencial.
COMO BRILLÓ DIEGO
En el Mundial de México 86, Maradona ofreció lo que ha sido considerado como la más deslumbrante demostración de astucia, destreza, versatilidad y capacidad de realización, que se recuerde en la historia de las Copas del Mundo.
En 1962, Pelé fue sustraído por la adversidad de la alineación brasileña, pero el equipo Auri-verde siguió funcionando con la precisión de un reloj suizo y el ímpetu destructivo de un maremoto.
¿Hubiera sido capaz la Argentina del 86 de soportar la “amputación” de Maradona?… ¿Cuáles hubieran sido las variantes frente a Inglaterra, Bélgica y Alemania?…Y Diego continuó en la Copa de Italia 1990, cuando logró llevar al equipo argentino hasta la final con Alemania.
¿Cómo olvidar su magia frente a Brasil que facilitó el gol de Caniggia?. Ese fue el juego clave para Argentina en ese Mundial antes de eliminar a Italia por los penales y luego volver a enfrentar a los alemanes en la final.
¿Y en USA 94?… Mientras Diego estuvo en la cancha, Argentina fue un peligro y obtuvo respeto, en cambio, cuando sacaron a Maradona por el doping, se desvanecieron los gauchos, y murieron.
MEJORES “CÓMPLICES”
En 1970, en el momento cumbre de Pelé, su acompañamiento era de lujo. Revise usted la Argentina del 86 y trate de encontrar junto a Maradona, jugadores comparables con los brasileños Gerson el arquitecto del medio campo; Jairzinho el electrizante y mortífero alero; Rivelino el más impactante bombardero desde fuera del área con virtudes de medio-campista; Tostao, posiblemente el interior de enlace más aproximado a Pelé que el fútbol brasileño a producido; Carlos Alberto y Clodoaldo una pareja de defensas con capacidad para armar, proyectarse y resolver.
Uno piensa que ese equipo brasileño hubiera podido ser de todas maneras una terrible fuerza dominante sin Pelé, pero no se imagina como Argentina del 86 hubiera podido llegar a campeón sin la magia de Maradona… Es por eso que el argentino se vio tan monstruosamente impresionante en ese Mundial del 86, durante el cual fabricó el gol más increíble, desequilibrando a casi todo el equipo inglés.
DIFÍCIL DECISIóN
Escoger al mejor entre dos genios, es un atrevimiento mayúsculo, pero la voracidad periodística muchas veces impulsa al cronista a enfrentar ese reto.
Si Pelé fue el ingenio, la chispa y la sorpresa, Maradona fue la picardía, la alegría y la consecuente tristeza. Los dos fueron mágicos, como salidos de la Lámpara de Aladino.