Empresas del siglo XXI

Orlando N. Bonilla En Nicaragua, con muy pocas excepciones, las corporaciones, sociedades anónimas o compañías limitadas tienen menos de medio siglo de fundación. En los Estados Unidos y especialmente en Europa hay empresas que tienen hasta 300 años de haber sido fundadas y siguen trabajando, aunque muy diferentes de cuando fueron creadas pero siempre con […]

Orlando N. Bonilla

En Nicaragua, con muy pocas excepciones, las corporaciones, sociedades anónimas o compañías limitadas tienen menos de medio siglo de fundación. En los Estados Unidos y especialmente en Europa hay empresas que tienen hasta 300 años de haber sido fundadas y siguen trabajando, aunque muy diferentes de cuando fueron creadas pero siempre con el mismo nombre, trabajadas a veces por los descendientes de los fundadores y con la misma línea de producción o por lo menos manteniendo cierta similitud a sus orígenes.

Ahora que hemos llegado a un nuevo siglo es interesante pensar en la estructura de las empresas de hoy y cómo será o cómo se transformarán en el siglo XXI. Algunas, aún las que tienen muchos años de operar exitosamente, desaparecerán como los dinosaurios y otras se adaptarán con mucha flexibilidad a los nuevos retos que el futuro industrial, comercial, cibernético o empresarial les impondrá de una manera mucho más rápida que el siglo pasado les impuso. Legalmente, la empresa es una persona jurídica, una persona que legalmente es inmortal. Veamos cómo estos personajes que no envejecen se portarán en los próximos cien años.

Como mencioné en el párrafo anterior, empresas siempre han existido en los siglos XVII y XVIII pero de una manera casi familiar y de acorde a la economía de ese entonces o sea comercial o agrícola, con muy poca industrialización ya que no era requerida o bien, desconocida. Un siglo después, conforme crecían los nuevos inventos, nuevos descubrimientos, al mismo tiempo que la población mundial se incrementaba con más rapidez y con más necesidades, las empresas comenzaran a surgir y a destacarse construyendo ferrocarriles, plantas, siderúrgicas, transportes marítimos, terrestres y aéreos, y otros negocios de gran envergadura sin precedente hasta esa fecha, que jugaron un rol indispensable en el crecimiento de la historia económica de la segunda parte del siglo XIX y en todo el siglo XX, creando de esa manera la riqueza material más grande de la historia hasta esta fecha.

Actualmente, la Economía Industrial está dando paso a la Economía Cibernética y las empresas están en otra encrucijada. Los atributos que las hicieron ideales para crecer en el siglo veinte puede ser que las inutilice en el siglo XXI y por lo tanto tendrán que cambiar dramáticamente. La lucha diaria de los negocios será ganada por la gente y sus organizaciones que se adapten más exitosamente al nuevo mundo empresarial que se está abriendo.

Aún en los países tercermundistas como el nuestro, donde las empresas son menores en tamaño, en producción y en mercados y vamos a la saga de los países más industrializados, tenemos que acomodar nuestras empresas a la ola de globalización que rápidamente nos empapará a corto plazo.

Antes de la primera mitad del siglo XX un gran porcentaje de la gente trabaja en las áreas rurales y la fuerza del músculo era sumamente necesaria, por lo que la mano de obra abundante era vital para el crecimiento de los bienes que se producían. En la actualidad, y en los países más industrializados, la agricultura se ha vuelto muy eficiente en producir alimentos y bienes físicos requiriendo cada vez menos mano de obra, liberándola para trasladarse al área de servicios o bien para producir bienes no productivos como información, software, noticias, entretenimiento, publicidad o bienes parecidos. En los países como Nicaragua, la mano de obra todavía es muy necesaria y con frecuencia cumple una labor social para disminuir el desempleo aún a costa de la eficacia y productividad. Sin embargo la tendencia en nuestros países también es de migración del campo hacia la ciudad creando nuevos retos y nuevas dificultades a los gobiernos con la expresión de la población urbana, en gran mayoría con poco o ningún nivel académico o técnico.

La gente con sus nuevas ideas está produciendo programas de computación y nuevos inventos no materiales y con poco personal, mientras que las fábricas también cada vez con menos personal están produciendo los bienes físicos como muebles, zapatos, automóviles, libros, etc., además que el agro cada vez tiene menos trabajadores. Claro está siempre habrán productores agrícolas de alimentos en el siglo XXI, eso es sine qua non, pero el poder, prestigio y dinero llegará a las compañías con la intelectualidad indispensable para crear nuevas técnicas.

Se puede ver desde ahora tomando como ejemplo los Estados Unidos: El año pasado, Microsoft Corp, con sólo 31,000 empleados, el valor de mercado de sus acciones fue de US$600 mil millones de dólares, mientras que McDonald’s con diez veces más empleados tuvo una décima parte de ese valor de mercado.

Obviamente, estos cambios tardarán más tiempo en llegar Nicaragua, pero llegarán, aunque sea en 10, 20 ó 30 años. No con la fuerza de los países más desarrollados donde el poder de las ideas tecnológicas se inicia, pero la globalización nos afectará y así veremos que las transnacionales con más frecuencia que antes instalarán sus fábricas e industrias en nuestros países con la tecnología de ellos para nuestro aprendizaje.

Estará en nuestras manos adaptarnos a las nuevas ideas y prepararnos para ello con más educación formal en las áreas requeridas. Siendo nosotros un país con más extensión que población siempre seremos básicamente agrícolas, pero tendremos que insertar más tecnología a nuestro agro para producir más con menos gente. A través de los años del siglo XXI esperamos que nuestra eficiencia en la producción agrícola que nos alimentará vaya a liberar mano de obra que se trasladaría a los ramos tecnificados de servicios o de bienes no productivos que mencionamos con anterioridad. Lo importante va a ser estar preparado para colocar en otras posiciones laborales al personal que va quedando desempleado a causa de la tecnificación. Éste será nuestro reto del siglo XXI.

El autor es Administrador General en la Procuraduría de los Derechos Humanos.  

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