Orlando ValenzuelaReportaje y fotografí[email protected]
En lo alto de una colina, sentado a la luz que entra por la puerta principal del templo católico dedicado a Santa Bárbara, patrona de los mineros, el padre Ernesto Ortiz da los últimos toques a la homilía del día.
De fuerte complexión física y baja estatura, el sacerdote está de acuerdo con que en la Mina El Limón existe mucha pobreza y muchas enfermedades que afectan a la población, pero a la vez es muy severo al criticar la actitud de la gente que se hace daño a sí misma.
Para el padre Ortiz existen muchos factores que inciden en la pobreza de la población, siendo algunos el licor, el sexo y la falta de responsabilidad en el hogar. “Aquí hay una mezcla de todo, muchos gastan el dinero en guaro, sexo, viajes al mar, derroche en compras de equipos de sonido y otras cosas, en vez de mejorar su nivel de vida. El colmo es que como no pagan energía eléctrica, porque es gratis, ya que la paga la empresa minera, dejan todo el día encendidas las bujías de la calle, sólo por hacer daño”, dijo el religioso.
Sin embargo, a pesar de la crítica, el padre Ortiz está satisfecho del trabajo que lleva a cabo en su parroquia, pues en los diez años que tiene en este lugar ha logrado algunos éxitos, como el hecho de enseñarle a rezar a sus feligreses mediante una técnica sencilla, con lo cual espera que la población tenga un cambio de actitud en beneficio de su comunidad y de sí misma.