Jehú Hernández [email protected]
La historia del ecoturismo en Nicaragua se remonta a los primeros años de la década de 1990, cuando el turismo —con unos treinta años de atraso con relación al resto de Centroamérica y el mundo— se subió al tren de la globalización, la modernización y la asimilación de nuevos conceptos.
Aunque antes de este período surgieron iniciativas de personas bien intencionadas que dieron los primeros pasos hacia la interpretación y puesta en práctica del término, no fueron más que simples intenciones que se diluyeron con el paso del tiempo.
Fue la década de los 90 la que dio paso a inversionistas nacionales y extranjeros que comenzaron a desarrollar proyectos basados en criterios medioambientales, que pretendían sacar provecho a zonas específicas, sin dañar el ecosistema.
Según Francisco Zamorano, asesor de Desarrollo y Estrategias del Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur), este rubro económico se ha movido en el mundo de acuerdo a tendencias y escenarios que responden a necesidades y expectativas de los miembros de la sociedad en cada época y de esa influencia no escapó Nicaragua.
RELAX POSTGUERRA
Mencionó que la década de 1950, por ejemplo, se caracterizó por ofrecer destinos turísticos de sol y playa, con miras a despejar de la mente la recién finalizada Segunda Guerra Mundial. “Fue una etapa de posguerra con una sociedad posindustrial que tenía y sentía la necesidad de vacacionar en lugares abiertos, en playas donde hubiese mucho aire, arena y sol”, indicó.
Diez años más tarde, las expectativas de los turistas dio un giro de 180 grados. De buscar lugares soleados y reposados para olvidar una tragedia mundial, se pasó a la búsqueda de sitios en donde manifestar y expresar las ansias de libertad de los jóvenes de los años 1960. “En esta etapa se puso muy de moda la liberación juvenil, la liberación femenina y se cambió el destino turístico hacia lugares de libertinaje sexual”, señaló.
EL TURISMO RESPONSABLE
En los años 1970 se comenzó a celebrar el Día Mundial de la Tierra y surge la idea del turismo responsable, verde, armonioso con la naturaleza. Se organizaron rápidamente grupos que protestaban por todo el daño que hasta la fecha se le había causado al medio ambiente y libraron fuertes batallas en pro de su conservación.
Lógicamente, los destinos turísticos estaban integrados por zonas montañosas donde era posible tener un reencuentro con la madre naturaleza y disfrutar de sus bondades. Sentir que dentro de ella, conociéndola y disfrutándola, se era más humano, más consciente.
ANTIESTRÉS
La concentración de personas en grandes ciudades, trabajando en enormes edificios con horarios prolongados, provocó que durante los años 80 y aún en los 90, se buscaran destinos en los que se pudiese practicar turismo de aventura, turismo de acción con una perspectiva ecológica.
La mayoría se relaciona con playas, ríos, bosques, montañas, volcanes, entre otros, que resultan muy propicios para liberar adrenalina y sentir que se puede desafiar a la naturaleza y experimentar grandes emociones con la práctica de una serie de deportes diseñados especialmente para satisfacer las demandas de los vacacionistas.
Además, hay quienes prefieren el encuentro con otras culturas, sobre todo aquéllas que aún conservan la tradición de sus ancestros.