Alemania busca la gloria perdida
Desde principios de la década de los 90, desde que Alemania se proclamó campeona en el Mundial de Italia, el fútbol germano atraviesa un período de decadencia.
A partir que estrellas como Lothar Matthaus o Jurgen Klinsmann se retiraron, prácticamente ninguno de los internacionales han llegado a acercarse a aquellos que fueron sus ídolos. Quizás Oliver Kahn, el guardameta del Bayern de Múnich, alma mater es uno de ellos.
No obstante, en general, ninguno de los nuevos talentos de la cantera alemana han alcanzado el nivel que se esperaba de ellos. Hombres como Ballack o Jeremies tienen cierto caché en la escena internacional, aunque están lejos de las posibilidades reales que muestra con cuentagotas su talento.
La irregularidad es la gran cruz de la selección alemana que se presentará en Corea-Japón 2002.
Italia y la solidez de la tradición
Francesco Totti, Christian Vieri, Alessandro Del Piero, Paolo Maldini, Alessandro Nesta… sus nombres son conocidos por cualquier aficionado del mundo. Pero la selección italiana no pasa por su mejor momento. Clasificada sin brillantez para el Mundial, Italia se debate entre su tradicional solidez y la decadencia de sus clubes en Europa. El clásico ‘catenaccio’ ha dejado de ser garantía de éxito, y los interrogantes para Corea-Japón se abren por encima de una constelación de estrellas.
No obstante, Italia siempre será Italia. Los azzurri son sinónimo de éxitos, aunque sea en el último minuto y de rebote. La responsabilidad desde el banquillo recae en Giovanni Trapattoni, que tiene ante sí el trabajo de escoger el once ganador de entre una gran gama de posibilidades.
Francia quiere más
Para quienes pensaron hace cuatro años que el triunfo de Francia en su Mundial fue producto de la casualidad, o del factor campo, los franceses se homenajearon conquistando en el año 2000 la Europa de Bélgica y Holanda. Su juego, sólido como pocas veces se ha visto, se conjuga con una capacidad creativa y goleadora que nace de unos futbolistas que parecen creados para jugar juntos. Desde la portería de Barthez hasta los goles de Henry, todas las líneas de Francia se antojan insuperables.
Pero la verdadera fuerza gala nace de su centro del campo, sobre todo de la mente de su estrella Zidane. El mejor jugador del mundo en el año 2000 para la FIFA se enfrenta a la que podría ser su última cita mundial desde las filas del Real Madrid. Acompañado por astros como Vieira, la virtud de Francia es su aparente invulnerabilidad, construida a base de un fútbol equilibrado y sin fisuras. Son muchos los aspirantes a su trono, pero pocos se presentan a su altura.