Cátedra de honestidad

Lic. Melba Sánchez de Navas Lo que aprendí va más allá de lo percibido, porque a mis 40 años nunca en mi vida, había visto a un primer mandatario de la nación disculparse con hidalguía, como hombre de bien, y no ante un anciano(a) por no haberlo cruzado la calle, sino una reflexión a una […]

Lic. Melba Sánchez de Navas

Lo que aprendí va más allá de lo percibido, porque a mis 40 años nunca en mi vida, había visto a un primer mandatario de la nación disculparse con hidalguía, como hombre de bien, y no ante un anciano(a) por no haberlo cruzado la calle, sino una reflexión a una ligereza normal, tras una acción de desaire no a él como hombre sino a una población.

Es de hombres de bien rectificar, es por ello que cuando vemos al Sr. Presidente haciéndolo: ¡Qué enseñanzas, Dios mío!; y hoy con mayor seguridad os digo: “Por sus hechos lo conoceréis”, y esta cátedra de honestidad y hombría es una muestra más a la seguridad y orgullo de tener por primera vez un Presidente de su temple.

Anhelaría que los padres de familia y maestros retomáramos esa enseñanza, esta lección olvidada, relegada, apartada en décadas pasadas. Revive en nosotros la originalidad del ser y de participar en el plan de la moral y civismo, donde el hombre: “es o no es”. Éste es el verdadero ser o no ser de Shakespeare.

Nos regresa a la realidad de ser honestos aun en la manera de actuar, porque errar es propio del individuo, pero reconocer el error es obra de los “Grandes Hombres”. Y aunque a esto ahora se le llama la Nueva Era, yo lo llamaría la vieja enseñanza, la era de la honestidad y el honor aunque Nihil Novun Sub Sole (no hay nada nuevo bajo el sol) pero esto sí, hace la gran lección.  

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