Edgard Tijerino M. [email protected]
De haber visto Rubén Darío en acción a José Canseco, seguramente hubiera dicho: es algo formidable, impactante, destructivo, que parecía ser producto de una vieja raza en vías de extinción.
Un artillero programado para más de 600 jonrones, afectado severa e implacablemente por usa serie de dolores musculares, vio recortarse drástica y dramáticamente una trayectoria que debió ser por siempre fulgurante.
Uno lo veía, y no imaginaba que sobre su espalda colgaba un cartel que decía: “Cuidado, frágil, no tocar”… ¿Cómo es posible que semejante mata-pitcheres se mantuviera sujetado por una etiqueta de precaución?
A lo largo de 17 temporadas, sólo 5 veces pudo estar en más de 150 box-scores, agregando una campaña más encima de 120 juegos… ¿No es eso algo dramático para quien fue Novato del Año en 1986, Más Valioso en 1988, y se convirtió en el primero de 40 jonrones y 40 robos en la misma temporada?
En cinco ocasiones, Canseco no pudo llegar a los 100 juegos… ¿Se imaginan ese desperdicio? Se suponía que el fiero cubano sería capaz de tumbar la marca jonronera de Roger Maris… Desde el día en que José Canseco entró a las ligas mayores con los Atléticos de Oakland en 1985, tenía ese aspecto —el reservado para los que hacen historia—. Consideren que conectó 106 jonrones en sus primeras tres temporadas completas en las Grandes Ligas.
Fue el chico póster para los batazos enormes, conectando uno asombroso al quinto piso en Toronto durante la serie de Campeonato de la Liga Americana de 1989… Ese fue el año en que sus Atléticos lo ganaron todo.
Pero a pesar de tener el poder y el físico de un dios griego —6 pies 3 pulgadas 240 libras—, el cuerpo de Canseco fue su peor enemigo. Mencionen una enfermedad muscular, cualquiera que se les ocurra, y él probablemente la ha sufrido: espalda adolorida, lesiones en la ingle, problemas en la cadera, lesiones en las costillas, dolor en el cuello…
De acuerdo con Tony LaRussa, su manager en Oakland, Canseco no tenía debilidad… La Russa dijo: “Lo he visto batear cada lanzamiento en cada situación con un poder y una efectividad impresionantes. Muchos de sus mejores jonrones surgieron cuando no estaba haciendo un swing exagerado. Todo pitcher se siente desarmado frente a él”.
En 1988, fue solamente la séptima vez en la historia de la Liga Americana que un jugador barrió con los votos de primer lugar, y la primera desde 1973 cuando Reggie Jackson, al igual que Canseco, se mostró “realmente sorprendido” por ser una escogencia unánime.
Recuerdo la crónica de Thomas Boswell, cuando Canseco conectó aquel “monstruoso” batazo en el Skydome durante 1989… “Aquellos de nosotros que estábamos sentados en el palco de prensa, nunca olvidaremos la trayectoria lunar del jonrón que se mantuvo elevándose hasta que finalmente hizo contacto con algo sólido: la quinta fila del quinto piso. Ese fue el batazo que estuvo ascendiendo 480 pies, y que fue calculado en un total de 540 de haber continuado desarrollando toda su longitud”.
Decía Canseco: “La gente goza cuando me poncho, porque mi swing impresiona de verdad. He ahí la emoción. Eso se resume mi confrontación contra Roger Clemens. Su bola de fuego a 98 millas por hora contra mí. Puede que me ponche cuatro veces, pero aún de 4-0 es más emocionante que dos hits de Wade Boggs al campo contrario”.
Recordando lo que fue y lo que pudo ser, los 462 jonrones, 1,407 empujadas, 1,877 hits, 200 robos y .266 de average, parecen cifras miserables… Quedó a 38 jonrones de los 500, pero bien pudo ser un bateador de 600 de haber jugado como Hank Aaron a tiempo completo.
LENTO ARRANQUE
José Canseco, nacido en La Habana, quien se trasladó a Miami con sus padres y su hermano gemelo idéntico Ozzie, cuando tenía menos de un año… Como adolescente no fue ningún fenómeno. Ni siquiera sobresalió en sus primeros dos años en Coral Park.
Aunque bateó .400 como estudiante de último año y tercera base en 1982, no fue escogido hasta la décima quinta ronda en junio.
Probablemente no habría sido escogido del todo si el scout de los Atléticos, Camilo Pascual, el antiguo pitcher de los Gemelos, no hubiera sido tan insistente.
Su carrera estuvo señalada por problemas domésticos que deterioraron la relación con su esposa Esther y lo vincularon con Madonna… Alteró el tránsito manejando a exceso de velocidad y su temperamento lo empujó constantemente hacia problemas.