“Es una posición desafortunada de los obispos, porque se trata de un ataque violento a libertad de expresión, porque los periodistas nunca habíamos sido calificados de esa manera por la jerarquía católica, porque quiere dejar entrever que las víctimas son los procesados y los victimarios son los periodistas o los medios de comunicación.
Los medios de comunicación simplemente acuden a un hecho que por sus características está rodeado de grandes sensacionalismos, pero son hechos que no pueden pasar por alto, y estamos obligados, por respeto a la ciudadanía, a difundirlos.
“Es un paso peligroso de la Iglesia, pues pretenden escarnecernos ante la opinión pública, haciéndole creer al pueblo que los medios de comunicación somos los culpables de lo que está ocurriendo con la justicia. Es peligroso para ellos mismos porque da la impresión de que los obispos se sienten dolidos de lo que les está pasando a los corruptos”.