He escrito ya muchos versos
siempre llenos de frases tristes
cargadas de dolor o nostalgia.
Hoy estoy cansada de mi fiel
compañera “soledad”; tan acostumbrado
a ella estoy que hasta siento que
la extraño y tan aferrada a mí está,
que no me deja vivir.
Como tantas veces caí, me levanté,
y seguí; en el camino me encontré
con un ángel de verdad, que está ganando espacio
y me está robando tiempo, no me atrevo
a decir lo que siento, pero con su existencia
me basta.
A diferencia de tantas veces,
decidí actuar diferente, lo he
dejado libre para que vuelva
a mí si me extraña, he
callado en ocasiones para
no presionarlo, me he tragado palabras
que tal vez no comprenda, he tenido
que apagar mi fuego, reprimir mis
emociones y hasta he ahogado exclamaciones
de ansiedad y desesperación para no abrumarlo.
Estoy aprendiendo a ser menos yo
y un poco más normal para que
nadie sepa de mi sed.
No sé qué piensa ni lo que siente,
si acaso siente, mas no quiero saberlo,
temo saberlo y no es bueno.
Vivo cada día dando un poco de mí
a esto que no sé qué es; pocas veces
me siento con la certeza de entregarme
sin reservas y temo que en uno de
esos instantes me pierda.
Pienso que es más ángel que humano,
es sensible, lo percibo, es callado pero
una palabra suya vale por mil dichas
me transmite sus pensamientos con su mirada
y sus sentimientos con un abrazo, me
escucha cuando hablo pero parece ausente,
nunca discute, aparece y desaparece
cuando menos lo espero.
No sé cuánto tiempo se quede,
si es que realmente está, pero
mientras, permíteme decirte
mi ángel que ya te estoy queriendo
y te vas, aunque duela,
que seas muy feliz.