- Doña Gloria quiere que sepan que no abandonó a su hija
Iván Olivares B. [email protected]
Cuando a principios de julio pasado, doña Consuelo García se llevó a su casa “por una noche” a la pequeña Maryuris Hernández, nunca imaginó que la experiencia la marcaría para siempre, al descubrir en ella a un ser encantador del que habría de prendarse irremediablemente.
Doña Consuelo trabaja para la delegación del Ministerio de la Familia (Mifamilia) de Matagalpa, y se llevó con ella a Maryuris, mientras encontraban a la madre de la menor, pero la madre “no apareció ni al día, ni al mes, ni al año siguiente”, recordó don Leopoldo Villalta, esposo de doña Consuelo.
La nueva familia de la niña tuvo que encontrar tiempo y recursos para curarla, en particular cuando descubrieron con horror que tenía tórsalos y gusano barrenador detrás de las orejas, pero el esfuerzo tuvo su premio, cuando, como dice el Sr. Villalta, “descubrí que en ese pedacito de mujer no estaba alojada una niña común y corriente”.
Maryuris empezó a revelarse como una personita de carácter “fuerte y serio, pero dulce”, y como una “estudiante aplicada”, de carácter dirigente, que peleaba con las niñas que no le obedecían. En casa, cuidaba con celo sus juguetes, su plato, cuchara y cepillo de dientes, y reclamaba a la familia cuando iban a comer sin dar gracias al Creador por los alimentos recibidos.
Pero nada es para siempre, y hace un mes, Mifamilia decidió enviar a la niña a un centro en Carazo, donde estuvo unos días, hasta que la trasladaron a Managua, donde permanece en espera de que los adultos decidan cuál será su destino, mientras en Matagalpa, dos familias sufren su ausencia.
No fue posible obtener la versión de Mifamilia en Managua. Sólo dos de 17 llamadas a sus teléfonos fueron contestadas. Las otras quince veces, las líneas estaban ocupadas.
UNA HISTORIA TRISTE
Después de perder a Maryuris, don Leopoldo buscó y encontró a doña Gloria Hernández, madre de la menor.
Ella le contó que al ver a su niña enferma le pidió a su anciano padrastro (de doña Gloria) que se la cuidara, mientras iba a cortar café para conseguir dinero, pero no obtuvo nada por las quiebras cafetaleras.
Cuando quiso regresar a buscarla, supo que el anciano la había entregado a Mifamilia, y le dijeron que la Policía quería arrestarla por haber abandonado a la menor, por lo que se escondió, porque tiene otros dos hijos de dos y seis años que cuidar.
Don Leopoldo y doña Consuelo esperan que doña Gloria pueda recuperar a su hija, para seguir ayudando a la niña.