César Anzoátegui
A los protestantes y calumniadores de Su Eminencia, Cardenal Miguel, les recuerdo las palabras bíblicas de que “con la vara que mides serás remedido”, que “no juzguéis y no serás juzgado” y no tirar piedras en el tejado ajeno, teniendo el tuyo de cristal. El cardenal Miguel, debe tener presente y recordar siempre que quien dijo: “Yo soy el camino la verdad y la vida”, el que vino a resucitar a Lázaro, curar a los leprosos, devolverle la vista a los ciegos, hace andar a los paralíticos; fue calumniado, traicionado, abofeteado, escupido y crucificado, y que su ejemplo de morir por salvarnos de nuestros pecados, sea escudo y fortaleza en sus debilidades.
El Cardenal debe seguir siendo, con el poder que Dios le concede: “incomparable perdonador de injurias”; y “como el sándalo, que perfuma el hacha que lo hiere”. Le pido a quien todo lo puede, que aparte de su sendero los dardos punzadores de la calumnia, las espinas hirientes de la ofensa, y que Dios jamás permita los negros nubarrones del desengaño.