La inyección de la insulina en las venas es la práctica cotidiana de miles de personas que en Nicaragua y el mundo padecen de diabetes, una enfermedad crónica.

Diabetes: epidemia en ascenso

En Nicaragua 106,000 personas eran diabéticas en 2000, de acuerdo con cálculos conservadores del Ministerio de Salud, Minsa. En América se prevé que 35 millones padecen la enfermedad. Para 2025 habrá el doble de afectados que ahora. El costo de los medicamentos es uno de los factores que descontrola a muchos enfermos. Los esfuerzos institucionales […]

  • En Nicaragua 106,000 personas eran diabéticas en 2000, de acuerdo con cálculos conservadores del Ministerio de Salud, Minsa. En América se prevé que 35 millones padecen la enfermedad. Para 2025 habrá el doble de afectados que ahora. El costo de los medicamentos es uno de los factores que descontrola a muchos enfermos. Los esfuerzos institucionales son insuficientes frente a esta epidemia que va en ascenso

Amalia Morales [email protected]

En condiciones normales, Tamara Tórrez de 18 años, va a clases de día y de noche. Por la mañana cursa la secundaria en el Instituto “Maestro Gabriel” y por la noche saca una carrera técnica en el “Manuel Olivares”, en Managua.

Pero esta semana Tórrez alteró su rutina. Una recaída en la diabetes (azúcar), que le descubrieron hace cinco años, la mandó al hospital.

Recayó porque se le acabó la insulina, que se inyecta dos veces al día. En su casa no hubo plata para comprar la medicina. El frasco, que le tarda cerca de un mes cuesta alrededor de 300 córdobas.

Después de dos días de estar sin el remedio, la joven fue a parar al sitio que menos le gusta: el hospital.

En Nicaragua la diabetes mellitus, una enfermedad que no tiene cura, afectó hasta el año 2000 a un dos por ciento de la población.

Unas 106,000 personas padecen de “azúcar”, según estimaciones conservadoras del Ministerio de Salud (Minsa), citadas por Martha Pastora, responsable del programa de enfermedades crónicas.

Pastora calculó que para 2025 el país podría contar con unos 297,000 enfermos, que significaría un incremento del 180 por ciento de los casos.

Enrique Medina, médico endocrinólogo que preside la Fundación Nicaragüense para la Diabetes, considera que esas cifras son mayores.

La Organización Panamericana de la Salud, OPS, estimó para el mismo año, 35 millones de diabéticos en el continente americano, de los cuales 19 —que representan un 54 por ciento— vivirán en América Latina y el Caribe. Para 2025, 40 millones padecerían de azúcar en la región.

Enrique Mendoza, endocrinólogo de la Universidad de Panamá, advirtió en un reciente seminario sobre la diabetes que “hacemos frente a una epidemia de diabetes que es uno de los principales problemas de salud en el hemisferio”.

DESCONTROLADOS

Pero en el caso de Nicaragua, tan grave como la cantidad de enfermos, es el poco control que existe de los enfermos. El especialista considera que “el 70 por ciento de los crónicos andan descontrolados”.

La Asociación Americana de Diabetes considera que el 46 por ciento de los enfermos abandona el tratamiento después de un año.

De acuerdo con un diagnóstico del Minsa, en seis Silais (Sistemas Locales de Atención Integral en Salud) del país se detectó que hay poco tratamiento en la región Atlántica y en Río San Juan.

Se halló más control y preocupación entre los pacientes de Granada, otro de los Silais examinados.

Otra de las causas del descontrol es la pobreza, que cada vez más se reconoce como un problema que abona el ascenso del trastorno del páncreas.

Carmen Tórrez, la mamá de Tamara, dice que regularmente a su hija la proveen de la insulina en el hospital, pero debido a la escasez que hay en los centros de salud, últimamente se les ha negado la medicina.

Tamara, que requiere de insulina externa para controlar los niveles de azúcar de su cuerpo, necesita cerca de 600 córdobas mensuales para su tratamiento.

Incluyendo el gasto de jeringa, Tamara Tórrez necesitaría para su tratamiento anual alrededor de 7,930 córdobas. Su progenitora es una desempleada.

En el mejor de los casos, hay diabéticos que controlan su mal con sólo el uso de la Glibenclamida; la tableta de cinco miligramos tiene un costo promedio en el mercado de cincuenta centavos.

Sin embargo, el poco control que existe entre los diabéticos tiende a aumentar los costos del tratamiento de esta enfermedad crónica.

Pastora dice que el tratamiento de los diabéticos en Centroamérica —más de 1.2 millones de personas— podría sobrepasar los 900 millones de dólares anuales, de acuerdo con cálculos preliminares de la OPS para la región.

“En los próximos años, los países de América Latina podrían enfrentar un rápido aumento de los costos de la atención de pacientes diabéticos, debido a algunas deficiencias de la atención y educación de los pacientes y a cambios demográficos, como el envejecimiento de la población y el sedentarismo”, dice un artículo publicado en la revista de la OPS.

En el país, la diabetes es una de las 17 prioridades en salud. Se desconoce cuánto se invierte en esta enfermedad crónica al año; Pastora asegura que se hacen muchos esfuerzos, pero “hay limitaciones”.

Pastora explica que se capta a los pacientes a través de las unidades asistenciales. Para eso se han formado los clubes de “dispensarizados”. A algunos se les brinda tratamiento y atención médica. A otros, sólo lo segundo.

En el Hospital Infantil La Mascota existe un programa que atiende a unos 350 niños diabéticos. En la Cruz Roja funciona otro programa, según cuenta la mamá de Tamara Tórrez.

Pastora dice que a través de estos clubes se procura educar a los pacientes y a sus familiares.

En el transcurso de cinco años, Tamara Tórrez y su mamá asistieron a algunas de esas charlas. “Me explicaron cómo inyectarme. Me dijeron que tenía que llevar una dieta y hacer ejercicio”, recuerda la muchacha.

Otras opciones de educación y atención son las organizaciones de diabéticos que también existen en el país. Algunas brindan consultas y medicamentos a precios un poco más rebajados que las farmacias.

MAL CALLADO

Uno de los riesgos de la diabetes, según los expertos, es que los pacientes ignoran su mal.

Por cada diabético consciente hay uno que no sabe que la tiene.

El riesgo de eso, de acuerdo con la teoría médica, es que muchos descubren la enfermedad cuando está avanzada y a punto de causarle otros trastornos.

La diabetes es una enfermedad tendiente a afectar otros órganos como la vista, los riñones y el corazón.

Se le considera la principal causa de amputaciones en el mundo y una de las principales de ceguera. También aporta un buen porcentaje, a la probabilidad de afecciones en el corazón.

El 35 por ciento de las insuficiencias renales los origina la alta producción de “azúcar”.

En Nicaragua no se conoce el ritmo de influencia que tiene la diabetes en otros miembros del cuerpo. Pastora dice que está en planes la realización de un estudio de prevalencia de ese trastorno en el país.

Tal vez, por su corta edad, Tamara Tórrez aún no padece ninguno de estos efectos colaterales. Eso no evita que a veces piense en los trastornos que podría ocasionarle esta enfermedad que, probablemente, heredó de su abuelo paterno.

Llorando dice: “No me acostumbro” todavía a la inyección de insulina que se aplica diario en su estómago. Menos fuerzas tendría para enfrentar otro trastorno.

HARAGANES Y MAL COMIDOS

“En América Latina, varias tendencias contribuyen al aumento de la diabetes, entre ellas el envejecimiento de las poblaciones, la disminución de los niveles de actividad física y el aumento del número de personas que ingieren dietas hipercalóricas (ricas en calorías), lo cual conduce a un aumento de la obesidad”, dice un artículo publicado por la revista de Salud de la OPS.

Para revertir ese sombrío panorama, un cambio en el estilo de vida que implique la actividad física y una alimentación más saludable, es la principal recomendación de los expertos.

La OPS ha dedicado este año a la actividad física. La campaña se conoce con el lema: “Muévete América”.

Si bien la diabetes usualmente se manifiesta después de los 30 años, cada vez tiende más a aparecer a temprana edad. “Cada vez más los niños pasan horas frente a la televisión. Además, ingieren mucha comida chatarra”, critica el endocrinólogo Enrique Mendoza.

ENFERMEDAD LETAL

Según estadísticas del Minsa, en 1991 murieron 289 personas por efectos de diabetes. Eso representó una tasa de 7.2 por cada 100,000 habitantes. Ocho años más tarde, en 1999, la tasa aumentó al 15.4 por ciento. Murieron 769 personas. “El incremento sostenido de la diabetes es un problema de salud pública en el país”, afirma Martha Pastora, responsable del programa de Enfermedades Crónicas del Minsa.

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