Rómulo Sánchez Leytón*[email protected]
Países con mucha pobreza, no son focos de corrientes migratorias. Por el contrario países con un nivel de vida creciente las atraen. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), existen a nivel mundial unos 150 millones de inmigrantes. La mayoría han dejado sus países por razones económicas, buscan mejores chances de trabajo, y esto se vuelve atractivo en países con un elevado nivel de vida. A finales del 2000 habían en Alemania 7.3 millones de personas con ciudadanía extranjera.
Después de la caída del muro se calculaba una avalancha de unos 25 millones provenientes de los países del este, hacia Europa Occidental. En realidad entre 1992 y 1999 llegaron —sin tomar en cuenta los alemanes repatriados—, unos 600 mil inmigrantes, originarios de la ex URSS, Polonia y Rumania. Alemania se caracterizó por tener, en ese período un saldo migratorio negativo. Se fueron más extranjeros de los que llegaron. Alemania es un país de inmigrantes, uno de cada tres proviene [o sus niños] de extranjeros. Pocos saben, uno de cada tres, que 10 por ciento del total de la población es extranjera.
El 1 agosto del 2000 se introdujo en Alemania, la Tarjeta Verde (Green Card). Con ello se pretende solventar la escasez de personal calificado, con el objetivo de elevar la productividad y la competitividad de la economía alemana. Hasta el 2 de febrero del 2002 se habían extendido 12 mil 300 permisos de trabajo, sobre todo, en tecnología de la informática. La mayoría provienen de la India y de los países del este. Para los jóvenes calificados de Pakistán, Alemania no es un país deseado; el destino más escogido son los Estados Unidos. Del total, sólo unos 288 provienen de América del Sur.
En el país germano hacen falta médicos, cocineros, personal de limpieza y cuido de ancianos, ingenieros, académicos y hasta las que venden amor. Una colombiana hizo noticia en los medios, al solicitar también “Green Card” y poder ofrecer sus servicios. Empero, hay quienes sostienen que la inmigración es dañina. Llegan clandestinos, sin dinero, no son recibidos, sufren la discriminación y los prejuicios xenófobos. Éste es un perfil paradójico de la globalización, mientras se proclama la libre movilidad de los capitales y otras mercancías; por otra se esfuerzan por limitar la llegada de emigrantes.
Es muy difícil que se les ocurra prohibir la entrada de café, tabaco, autos japoneses, o el cacao para los chocolates. Pero sí se prohíbe en la mayoría de los casos a la “mercancía” fuerza de trabajo y hay que asegurar la frontera. Los 15 países de la UE han tomado ya medidas para desembarazarse de los inmigrantes ilegales. Los países pobres son exportadores de fuerza de trabajo, y los países desarrollados nos inundan de productos de calidad y bajos precios.
Si bien es cierto que la migración cuesta dinero, aprendizaje del idioma, escuela, beneficios sociales. Los inmigrantes son necesarios para mantener baja la inflación. También pagan impuestos, crean empresas, puestos de trabajo, para mantener a una población que envejece y decrece aceleradamente. La tasa de natalidad decrece. En el 2000 nacieron solamente 9.3 niños por cada 1 mil habitantes. Realizan los trabajos que son “incómodos” o muy “duros” para los alemanes. Ahí siempre hay nichos de mercado, esperando por esa fuerza laboral. La cifra de ilegales se calcula en 1.2 millones. El empleo de los ilegales se extiende cada vez más. Los sueldos en esos trabajos resultan tan pírricos, que los alemanes prefieren depender del dinero que reciben del Estado al estar desempleados.
Con la crisis de la New Economy, la demanda se ha enfriado. Un buen número de “especialistas de fortuna” los ha absorbido la región de Bayer, Hessen entre otras. Muchos que poseen la “Green Card” se encuentran sin trabajo. Los especialistas de la informática se comportan como “modernos nómadas”. Ellos proporcionan sus conocimientos donde son necesitados. Tienen una movilidad mayor que los nacionales. Su flexibilidad les permite ser ocupados en ésta o en aquella ciudad. De todas maneras estarán siempre lejos de casa. “Yo he venido por el trabajo, y no por Alemania”, contestaba un eslovaco, experto en programación. La mayor parte de estos especialistas —6 de cada 10— se encuentran en empresas con menos de 100 ocupados.
Se calcula que todo favorecido con la Green Card, crea como promedio 2.5 puestos de trabajo adicionales. Se buscan sobre todo, expertos en software. Especialistas alemanes hay unos 20 mil, sin embargo, no son los que las empresas de la informática están requiriendo. El 70 por ciento de ellos son mayores de 55 años y de poca movilidad debido a la familia.
Tiempo atrás se recomendó a los que estaban ocupados en este sector, a que se siguieran formando, la mayoría se negó y hoy están en el desempleo. Cuando se necesitaba especialistas en nuevos idiomas de programación, éstos no llenaron las expectativas de las empresas. No hay duda que en esta rama de la informática el conocimiento envejece, se deprecia aceleradamente.
Entre 1945 y 1992 llegaron a Alemania unos 22 millones de emigrantes, por diversas causas, perseguidos, expulsados, repatriados, trabajadores huéspedes, exiliados. Ellos, sin duda alguna se convirtieron en motor de la reconstrucción y contribuyeron al crecimiento y resurgimiento de Alemania. El boom de la economía necesitó de la fuerza de trabajo.
Algo curioso es que los llamados países emergentes y los mismos países en desarrollo, en muchos casos, aceptan a la mayoría de emigrantes. Sudáfrica sin ser un milagro económico, cuenta con 8 millones de inmigrantes ilegales. Singapur tiene 21 por ciento de su población es extranjera. Malasia después de la crisis de 1997, ocupa al menos 1.5 millones de trabajadores huéspedes, en las labores agrícolas, gasolineras, asilos de ancianos, en los campos de golf.
Cerca de 40 mil ingenieros y especialistas de la informática son buscados. La escasez de fuerza de trabajo calificada no cesará en los próximos 4 años. Pero éstos llegarán si se sienten bienvenidos. El clima tampoco hace atractiva la estancia. En Alemania hablan por sí solos los ingresos, el nivel de profesionalidad, hacer carrera, nivel de vida y posibilidades de hacerse independiente.
La conclusión es que el saldo final de las inmigraciones es positivo y no deficitario. La inmigración es un componente insustituible del desarrollo socioeconómico, tanto en Alemania, Estados Unidos y otros países. Los detractores de los inmigrantes argumentan que éstos toman más de lo que aportan. Eso es la más soberana de las mentiras. Sólo en EE.UU., los inmigrantes legales e indocumentados, contribuyen anualmente, en más de US$10 mil millones a la economía de ese país. En Alemania son un factor anticrisis para la economía. Una integración más efectiva de los inmigrantes, promoviendo el conocimiento del idioma y la formación, elevaría el PIB entre 20 y 40 mil millones de euros. Esa inversión seguro que vale la pena. El resto es sólo prejuicio y mito.
* El autor es Doctor en Economía radicado en Alemania.