Robert B. Zoellick*
WASHINGTON.- Estados Unidos ha ido quedando atrás en relación con el resto del mundo en el logro de acuerdos comerciales. En el mundo hay 150 acuerdos regionales de libre comercio y aduaneros; Estados Unidos es miembro de apenas tres. Cada uno establece nuevos reglamentos y abre mercados para aquellos que lo han firmado y crea obstáculos para quienes quedan fuera del acuerdo. La legislación comercial que podría ayudar a remediar este desequilibrio está a la espera de la consideración del Senado. Se necesita una acción inmediata para allanar el camino al liderazgo de Norteamérica en el comercio internacional y sus intereses económicos.
El pasado 6 de diciembre la Cámara de Representantes aprobó una ley de Autoridad de Promoción Comercial (TPA) que le permitiría al presidente negociar acuerdos comerciales que luego el Congreso consideraría con un voto favorable o negativo. Una semana después de aprobarse la medida en la Cámara, la Comisión de Finanzas del Senado aprobó una ley similar en votación de 18 a 3, lo que demostró un firme respaldo bipartidario. El 4 de enero, en un discurso sobre los nuevos desafíos económicos para Norteamérica, el senador Tom Daschle destacó su apoyo a esa ley de comercio y su intención “de someterla a votación en el pleno del Senado a principios de este año”. A principios de mes, el presidente Bush pidió al Senado proceder para el 22 de abril.
La Ley de Autoridad de Promoción Comercial (TPA), aunque decisiva, no es la única legislación relacionada con el comercio estancada en el Senado.
La Ley de Preferencia Comercial Andina (ATPA), luego de una década de ayudar a Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia para contrarrestar el comercio de narcóticos, dejará de regir el 16 de mayo a falta de una acción decisiva por el Senado.
El Sistema Generalizado de Preferencias (GSP), que ha estado ayudando a los países más pobres a exportar al mercado norteamericano desde 1974, expiró en septiembre pasado y espera su renovación en el Senado. Importantes enmiendas a la muy exitosa Ley de Crecimiento y Oportunidad Africanos (AGOA) ha sido aprobada por la Cámara de Representantes y ahora depende de una acción en el Senado.
El fracaso en proceder con estas medidas arruinará a miles de pequeñas empresas en democracias pobres que luchan para salir adelante.
Mientras esperan las medidas del Congreso, la administración Bush ha recobrado el impulso en el comercio. El año pasado, en Doha, Qatar, la administración revirtió el fracaso en la reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Seattle en 1999, al iniciar nuevas negociaciones de comercio mundial —la Agenda de Doha para el Desarrollo, un nuevo tipo de ronda comercial que pretende asegurar el enlace entre desarrollo y comercio. La administración desempeñó un papel determinante para superar los obstáculos al ingreso de China y Taiwan en la Organización Mundial de Comercio (OMC). También revigorizó las negociaciones del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), con el objetivo de emprender acciones en el primer semestre de este año.
También estamos concluyendo acuerdos con Chile y Singapur y estamos dispuestos a iniciar nuevas negociaciones, comenzando con América Central. Sin embargo, necesitamos determinaciones del Senado en la Ley de Autoridad de Promoción Comercial antes de poder seguir adelante de una manera que inspire confianza vigorosamente.
Esta administración ha señalado sin ninguna duda que harán cumplir las leyes norteaméricanas contra las prácticas comerciales injustas. Hemos dado seguridades a los norteamericanos preocupados por el cambio, demostrando que la administración, en cumplimiento de los reglamentos internacionales, utilizará las provisiones de salvaguardia, como la reciente decisión de establecer aranceles temporales sobre parte del acero importado, en defensa de los intereses económicos norteamericanos. Y apoyaremos a los norteamericanos que enfrenten pérdidas de empleos, por medio de la ayuda ampliada y mejorada al ajuste comercial, que concede mayores beneficios a los desempleados y programas de readistramiento de trabajadores.
Simplemente no hay razones para más postergaciones por parte del liderazgo del Senado. La mayor parte de los senadores —demócratas y republicanos— apoyan los proyectos bipartidistas, la Ley de Autoridad de Promoción Comercial, elaborada por Max Baucus, presidente de la Comisión de Finanzas del Senado, y por el senador Charles Grassley. La reactivación de esta autoridad —que sesiones previas del Congreso concedieron a cinco presidentes anteriores— contribuirá a nuestra recuperación económica al mejorar nuestra capacidad de abrir mercados a las exportaciones norteamericanas y reducir los costos de los bienes para las familias y empresas norteamericanas.
Mientras Estados Unidos se paralizaba en sus negociaciones de comercio libre, otros no lo hicieron. La Unión Europea tiene actualmente 29 acuerdos de libre comercio o acuerdos aduaneros especiales, 22 de los cuales se negociaron en la década pasada, y está en proceso de negociar con otros 12 países. México superó a Estados Unidos luego del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) para negociar nueve acuerdos de libre comercio con 29 países.
Japón ha concretado su acuerdo con Singapur y explora opciones con Canadá, México, Corea, Chile y los países del sudeste asiático. Incluso China, que acaba de convertirse en miembro de la Organización Mundial de Comercio (OMC), busca un acuerdo de comercio libre con los países del sudeste asiático.
Cada acuerdo en el que no participemos puede que establezca nuevos reglamentos para los derechos de propiedad intelectual, los sectores emergentes de tecnología avanzada, las normas agrícolas, los procedimientos aduaneros o incontables diferentes áreas de la economía moderna mundial integrada —reglamentos que se redactarán sin tener en cuenta los intereses norteamericanos.
El costo de la inactividad la pagarán finalmente los consumidores y trabajadores norteamericanos. Una de cada tres hectáreas de las granjas norteamericanas tiene cosechas destinadas a la exportación, lo que rindió alrededor de 53 mil millones de dólares a agricultores y ganaderos el año pasado. Nuestras exportaciones generaron un estimado de 12 millones de empleos y fueron responsables del 25 por ciento del crecimiento económico norteamericano durante la década pasada. Nuestros dos principales acuerdos económicos recientes —NAFTA y la Ronda Uruguay, que tiene alcance mundial— resultaron en ingresos más elevados y precios más bajos, aportando un beneficio anual de entre 1 mil 300 y 2 mil dólares la familia norteamericana media de cuatro miembros.
El liderazgo económico internacional de Norteamerica necesita que se acaben las trabas en el Senado, de manera que el comercio pueda moverse, ampliarse las redes económicas y la prosperidad fluir libremente tanto en el país como en el extranjero.
* (Representante de Comercio de Estados Unidos, artículo publicado el 14 de abril en el diario The New York Times).