Dr. Jorge Icabalceta, Ph. D.
Leí el artículo de Eduardo Marenco bajo el título “Debate sobre el modelo de desarrollo económico”, publicado en LA PRENSA el sábado 6 de abril. El tema me interesó porque soy economista y he estado muy relacionado con el cultivo del café. El Sr. Marenco tiene mucha razón cuando asegura que no se debe seguir viendo el café como “el motor de la economía”. De hecho, por experiencia propia mientras trabajé para Unicafé me di cuenta que a los cafetaleros nunca le interesó mejorar la caficultura de verdad. Cada vez que miraba cómo el más de un millón de dólares de presupuesto anual de Unicafé se desperdiciaba me preguntaba: ¿Cómo podía ser que a los cafetaleros les gustaba “botar los reales”? Nosotros, el personal técnico de Unicafé, éramos menospreciados y mal pagados.
La palabra mágica de cualquier modelo es esa: Trabajar. Ningún modelo funciona si no lo hacemos funcionar. Por eso, yo no creo en ningún modelo económico per se. Lo único que yo creo es que si yo realmente trabajo entonces produzco, si produzco entonces crezco y si crezco entonces enriquezco. Lo demás termina en situaciones lastimosas a como le he relatado sobre el caso del café.
Desde mi experiencia le digo que las opciones están ahí: 1.- diversificación de cultivos (cítricos, aguacate, maracuyá, cebolla, achiote, ajonjolí, cucurbitáceas, cacao, nueces como la macadamia, frutas de exportación como el melocotón, la pitahaya), 2.- turismo, 3.- pesca, 4.- industria ligera agroindustrial (producción de concentrados, derivados del azúcar y cacao, procesamiento de café, etc.), 5.- infraestructura (carreteras, puertos, silos, áreas de almacenaje, etc.).
¡Todo un mundo por construir! Pero se necesita algo llamado voluntad colectiva progresista. Ese es el reto.