Zacarías Chamorro [email protected]
Después de la derrota electoral del sandinismo se han venido dando malos pasos de una manera escandalosa.
El problema de la propiedad, la privatización de lo confiscado, las tomas de tierras y la ascensión democrática al poder fueron demasiado para la joven y casi “bebé” que teníamos de Republica.
Desde antes del gobierno de doña Violeta, pasando por ese y terminando con la anterior administración: los actos de corrupción y tráficos de influencia han sido de escándalo internacional.
Nicaragua está mal vista por los inversionistas extranjeros, porque los confiscados de siempre andan amenazando a futuros compradores de propiedades, la justicia nicaragüense ha demostrado ser voluble e impredecible, y los escándalos de corrupción más recientes parecen querer sobrepasar a los anteriores.
Todo esto nos ha dejado un sabor amargo a todos y la casi parálisis total. Si a esto le sumamos la lucha sorda por el poder que actualmente se libra entre alguien que nadie quiere y el legítimo Presidente de este país: los resultados pudiesen ser catastróficos.
Ya El Salvador estaba pidiendo que dejen entrar a un TLC con los EE.UU. a los países que estén “listos”. Y tenemos a Honduras y Colombia demandados en la Corte Internacional.
¿Qué nos auguran todos estos males que nosotros mismos propiciamos?, ¿hasta cuándo vamos a ser el hazmerreír de los centroamericanos?, ¿es que no podemos limpiar nuestra casa y poner en orden nuestros asuntos?
Necesitamos dar un golpe de timón a la conciencia nacional de una vez y por todas y no dejar que agendas mezquinas nos lleven a un estallido social del cual difícilmente nos podremos recuperar. La solución debe ser pacífica, pero audaz. Así lo requieren los tiempos y para ese cambio votamos abrumadoramente.