Lágrimas de alegría

Nelba Cecilia Blandón Gadea El Miércoles Santo, a las ocho de la noche de emergencia en León con mi hija de seis años, fui testigo de que con responsabilidad, eficiencia, paciencia y ternura se puede aliviar o mitigar el dolor. En toda la ciudad, únicamente la emergencia pública del Hospital-Escuela contaba con pediatras, la cantidad […]

Nelba Cecilia Blandón Gadea

El Miércoles Santo, a las ocho de la noche de emergencia en León con mi hija de seis años, fui testigo de que con responsabilidad, eficiencia, paciencia y ternura se puede aliviar o mitigar el dolor.

En toda la ciudad, únicamente la emergencia pública del Hospital-Escuela contaba con pediatras, la cantidad de niños que fueron atendidos esa noche fue innumerable, llegaban como por oleadas, fui testigo entre muchos actos de amor, de las lágrimas de alegría de una enfermera que logró canalizar a un niño de escasos tres meses en estado grave de deshidratación.

La eficiencia, paciencia y ternura de los jóvenes médicos residentes mitigan en los niños y sus mamás la carencia de recursos. Como dice el doctor Alfonso Matus: lo que les hace falta es hotelería.

Gracias por mi hija y por todos los niños.  

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