Sergio Espinosa Gutiérrez [email protected]
Es normal que estén sucediendo estos hechos al vicario P. Eddy Montenegro. Se supone que los clérigos por su falta de malicia para las cosas del mundo, se exponen a verse envueltos en las marañas e intrigas cortesanas cuando se meten en ellas. Entonces no tienen más remedio que sucumbir en el abismo. Y de acusadores de la inmoralidad del ambiente pueden convertirse en acusados.
El responsable, sin embargo, es el Cardenal, quien ha arrastrado a su Estado Mayor a estos peligros.
El Cardenal sabe que el mandato evangélico es claro: no se puede servir a Dios y a la riqueza, no puede nadie tener dos señores. Los oropeles del poder han cegado a nuestros pastores, que escogieron a la riqueza como su Amo, y a ella sirven.
Los obispos no necesitan de sinecuras ni de prebendas. Con lo que el servicio del Altar les provee debe bastarles, y no dar cabida a la abundancia y al lujo, pues tal afán es un mal ejemplo.
Abysum, abysum invocat
Y si al Cardenal le llegó el tiempo de retirarse, debe hacerlo con humildad y alegría, sabiendo que le ha tocado vivir tiempos duros de la historia local, y debe satisfacerle el haber cumplido con largueza a pesar de los tropiezos. Que siga el ejemplo del cardenal Léger, retirado a una leprosería donde sirvió a Dios sus últimos años de vida. Es malo también aferrarse a ser figura contra viento y marea.