Salvemos la Tierra

Álvaro Antonio Cano Lindo Hace muchos años nuestra tierra era un inmenso jardín, de bosques inmensos, de mantos acuíferos sanos y limpios y de un medio ambiente lleno de vida. Lamentablemente el deseo incontenible de poder, las ansias desmedidas de tener y de placer del hombre han deteriorado casi por completo el ecosistema. El signo […]

Álvaro Antonio Cano Lindo

Hace muchos años nuestra tierra era un inmenso jardín, de bosques inmensos, de mantos acuíferos sanos y limpios y de un medio ambiente lleno de vida. Lamentablemente el deseo incontenible de poder, las ansias desmedidas de tener y de placer del hombre han deteriorado casi por completo el ecosistema.

El signo del dólar se ha incrustado como escama en los ojos de la humanidad, cegando por completo los ojos de la fe y la conciencia de pecado, ¿qué significa esto? Bien, para el hombre de hoy despalar millones de hectáreas de bosques no es malo; contaminar el Medio Ambiente con el fin de ganar bastante dinero no es malo; prostituir a nuestras mujeres aprovechándose de las circunstancias con tal de ganar dinero no es pecado. Todo esto es haber perdido la conciencia de pecado.

Pero dice la palabra de Dios que la paga del pecado es la muerte, y muerte eterna. Cuántos muertos vivientes caminan por nuestras calles, y digo muertos porque en ellos ya no existe el amor de Dios. De acuerdo con los acontecimientos y los hechos evidentes de destrucción en nuestros días, la humanidad va hacia un caos inexorable.

Debemos trabajar para promover la cultura de la vida, cultivar en nuestros hijos el amor a la naturaleza, al hombre mismo, debemos educar a nuestros hijos con los valores imprescindibles del Evangelio, para que sean hombres de paz y llenos de espíritu sano para renovar la faz de la tierra.

Hago un llamado a todos para que salvemos con urgencia nuestra tierra.

El día que se extinga el último animal, el último árbol y contaminen todas las aguas de la tierra, el hombre se dará cuenta de que no vivirá.

La única esperanza es que la palabra de Dios se predique con poder de Espíritu Santo, para que convierta a muchos corazones insensibles, hagamos vida el mandato que desde hace muchos años Nuestro Señor Jesucristo nos encomendó: “Id y predicad el Evangelio a todas las criaturas”.  

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