- Experto sostiene que el número de ángeles es 99 veces mayor al
de todos los habitantes de la Tierra
AFP
CIUDAD DEL VATICANO.- El Vaticano prohibió ayer a los creyentes dar un nombre a los ángeles, una costumbre muy común y popular entre los católicos de todo el mundo.
En un manual con las directrices sobre la piedad popular, el Vaticano afirma que “la costumbre de dar a los ángeles nombres propios hay que rehusarla, a excepción de los casos de Miguel, Gabriel y Rafael, los ángeles indicados en la Biblia”.
El manual fue presentado por el cardenal chileno Jorge Medina Estévez, prefecto de la Congregación Vaticana Para el Culto Divino.
Se sabe que en el pasado un tal Adalberto invocó en sus oraciones a Uriel, Raguel, Tubuel, Ineas, Tubuas, Sabaoc y Siniel, por lo que fue condenado por el papa Zacarías, en el 745, acusado de haber pedido ayuda a los demonios.
El manual condena algunas “desviaciones” de la piedad popular, como aquella “infantil y simplista de atribuir al Diablo todos los problemas que se presentan a diario o, al contrario, de atribuir a los ángeles los éxitos y los buenos resultados”.
Según un estudio de monseñor Giuseppe Del Ton, un prelado del Vaticano que falleció hace varios años y que era experto en esos temas, los ángeles “no están compuestos de materia y espíritu, aunque todos tienen un rostro diferente”.
Al ser interrogado sobre la eterna pregunta acerca del sexo de los ángeles, monseñor Del Ton afirmó que “un ángel es forma, pura forma”.
Para el experto, es imposible calcular el número de ángeles que existe: su número es 99 veces mayor al de todos los habitantes de la Tierra, incluyendo los que ya murieron, los que actualmente viven y los que están por nacer. Un cálculo que sería difícil de efectuar hasta para la computadora más desarrollada.
Se sabe en cambio que gracias a San Dionisio, el areopagita, obispo y mártir ateniense del siglo I, los ángeles estaban organizados en tres clases u órdenes y nueve coros: los serafines, los querubines y los tronos pertenecían a la primera clase; las dominaciones, las virtudes y las potencias pertenecían a la segunda; y los principados, los arcángeles y los ángeles, a la tercera.
Sus funciones, tareas y misiones son numerosas. Por ejemplo, hay ángeles protectores de las naciones, otros acompañan a los difuntos al Cielo, mientras que los ángeles de la guarda son los encargados de combatir contra los demonios.
Hace unos quince años, Juan Pablo II afirmó que la existencia de los ángeles “es negada sólo por los materialistas y los racionalistas de todas las épocas”.