El comercio fuente de desarrollo

José Leñero G.* De los comentarios de La Prensa Gráfica de El Salvador, sobre la conferencia de prensa que ofreció el presidente Bush antes de iniciar su visita a Latinoamérica, me parece importante seguir dando pensamiento a su frase “el comercio significa empleos y pone directamente en las economías de los países más dinero que […]

José Leñero G.*

De los comentarios de La Prensa Gráfica de El Salvador, sobre la conferencia de prensa que ofreció el presidente Bush antes de iniciar su visita a Latinoamérica, me parece importante seguir dando pensamiento a su frase “el comercio significa empleos y pone directamente en las economías de los países más dinero que la ayuda económica directa… ¿qué podemos hacer juntos para habilitar a la gente a trabajar para vivir?”

Creo que es hora de que nuestros países asumamos la responsabilidad que nos corresponde por nuestro desarrollo y dejemos definitivamente de lado las ideas de otras épocas, que ello depende del aporte de dinero o de facilidades legales que nos lleguen de los países más desarrollados.

La historia es categórica: las ayudas económicas directas no mejoraron a las clases más pobres en cuyo nombre se pidieron, en tanto que las investigaciones serias señalan que enriquecieron indebidamente a gobernantes, funcionarios y particulares corruptos.

Esto recuerda la historia de España en el período entre el descubrimiento y la independencia de América Latina. Los conquistadores y colonizadores se llevaron cuanto oro y objetos de valor encontraron en estas tierras. Pero ellos sólo sirvieron para el lujo y el ocio de las clases dominantes peninsulares, en tanto que fue el resto de Europa el que se desarrolló, fabricando los artículos que compraban los nuevos ricos españoles y portugueses.

Creo en la distinción que hacía veinte años atrás el periodista argentino Mariano Grondona, de que no es lo mismo riqueza que desarrollo. Para él, riqueza es la dotación que Dios puso en nuestras naturalezas: tierras fértiles, productos marinos, minería, fuentes energéticas… (¡y donaciones de países ricos!). Desarrollo es el fruto de la inteligencia de los pueblos para utilizar la riqueza, tanto propia como externa y, por tanto, depende del nivel de educación y forma de trabajo de la cultura de cada grupo humano.

El comercio de estos años en que nos toca vivir, es de un grado de sofisticación muy superior al de todas las épocas precedentes. El crecimiento impresionante de oferentes y demandantes por efecto de la globalización y del comercio por internet, así como la sofisticación de los bienes y servicios que se transan y de la forma en que se realizan las transacciones, no tienen precedentes en la historia.

Así el comercio, que ha sido generador de empleos desde que la humanidad empezó a trocar los bienes que producían unos por los que producían otros, al de hoy que transa no sólo bienes y servicios elementales, sino también los de muy alta tecnología y cuyo ámbito de acción es todo el universo, ha hecho que la cantidad de empleos que genera sea muy superior a cualquiera época anterior.

Pero también exige una cultura diferente de los empresarios y de los integrantes de las empresas. De aquí que, en mi opinión, el verdadero reto de nuestros países es contestar en profundidad la pregunta que hacía el presidente Bush ¿qué podemos hacer juntos, para desarrollar la cultura de comercio que exigen estos tiempos?

* Consultor Internacional.  

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