Más sobre el café

Jenaro Sánchez Bonilla [email protected] Me llama la atención que un productor nica de café se venga a quejar de su crisis a Guatemala, la cuna del desorden cafetero; este “cuate” debe ser “sandis”. En Guatemala se sabe —por lo menos yo sé— que desde 1994 Vietnam empezó a sembrar grandes áreas para abastecer a los […]

Jenaro Sánchez Bonilla [email protected]

Me llama la atención que un productor nica de café se venga a quejar de su crisis a Guatemala, la cuna del desorden cafetero; este “cuate” debe ser “sandis”.

En Guatemala se sabe —por lo menos yo sé— que desde 1994 Vietnam empezó a sembrar grandes áreas para abastecer a los tostadores grandes en USA y alejarse del esquema actual de comercio. Con esto, marcas como Folger’s se integran “desde el cafetal hasta su mesa”, como decía un viejo comercial de El Caracol en Nicaragua; eso está bien porque es sana práctica de negocios.

En Guatemala, Anacafé no hizo nada por defender a sus agremiados, a pesar que recibe una comisión por saco exportado de café.

Más bien, llovieron acusaciones de derroche de los fondos de los agremiados, ya que las Juntas Directivas de Anacafé se dedicaron a viajar de feria en feria, a gastar en tonteras y a no buscar opciones para su gente. Total, ahora no hay mercado, ni comisiones ni nada.

Lo fácil e irresponsable es dejar que el gobierno busque ahora soluciones a algo que es totalmente privado, aunque sin duda de gran impacto nacional.

Los exportadores, que son un medio cartel internacional, se dieron a la fuga tras quebrar varias agroexportadoras en 1998. Se mencionan nombres concretos de personas que huyeron con millones de dólares. Y Anacafé siguió sin hacer nada.

¿Y los productores? ¡Bien, gracias! La mayoría sin saber qué hacer porque no todas las varieda-des de café logran alcanzar buenos precios en mercados gourmet. Parece que sólo el café de altura lo logra. Y Anacafé sí sabe lo que debe hacer, pero no lo hace.

Ahora están clamoreando, en buen nica.

Es la misma historia del quiebre del algodón en el 78, que por el negocio se metieron a sembrar en áreas marginales con tal de producir más y más, aunque de manera ineficiente y con mala calidad. Naturalmente, la producción sin calidad y sin buen precio terminó derrumbando la industria.

La diferencia es que el productor de algodón era “más rico” que el promedio del caficultor centroamericano, y por lo general más educado y profesional, o por lo menos con acceso a cierta ‘info’. Y no tardó en pasarse a sembrar caña, ajonjolí, al ganado, etc.

Claro, en Nicaragua la conversión fue más lenta por el devastador efecto sandinista de los años 80, el cual fue peor que la Roya y las Vacas Locas juntas y elevadas a la ‘n’ potencia.

Bueno, es una lástima que nuestros agricultores sean tan despistados.

Corporación Clinker, Guatemala  

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