Abelardo Sánchez, en una foto de archivo, estrecha la mano de Enrique Bolaños.

Veterano periodista hospitalizado en Ocotal

Médicos le amputaron dos dedos del pie para combatir una crisis de diabetes que padece Abelardo Sánchez Mario Fulvio EspinosaEspecial para LA [email protected] Uno de los dos sobrevivientes de los corresponsales históricos de LA PRENSA, el periodista y poeta Abelardo Sánchez Castillo, permanece casi olvidado en una cama del Hospital de Ocotal después de haber […]

  • Médicos le amputaron dos dedos del pie para combatir una crisis de diabetes que padece Abelardo Sánchez

Mario Fulvio EspinosaEspecial para LA [email protected]

Uno de los dos sobrevivientes de los corresponsales históricos de LA PRENSA, el periodista y poeta Abelardo Sánchez Castillo, permanece casi olvidado en una cama del Hospital de Ocotal después de haber sido sometido a una operación quirúrgica en la que le fueron amputados dos dedos del pie izquierdo.

Originario de El Sauce, departamento de León, Abelardo fue integrante de un equipo de notables corresponsales de la zona norte, entre los que cabe mencionar a Henry Vargas y a los difuntos Agustín Moreno, Humberto José López Lumbí y Adán Monzón Fornos, los que en numerosas ocasiones, bajo las órdenes del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, se jugaron la vida en la lucha contra la dictadura somocista. Sufrió vejámenes, prisiones y torturas por defender los valores que pretendía sepultar la corrupción dinástica.

Sánchez Castillo dejó de trabajar hace varios años en “El Diario de los Nicaragüenses”, sin embargo, confiesa que ha permanecido atado sentimentalmente a este periódico, colaborando de manera voluntaria en el semanario “El Azote” con sus poemas críticos y humorísticos.

En la cama donde está postrado aún recuerda la camaradería y la fraternidad que se respiraba en LA PRENSA en los años setenta, y baraja los nombres de sus amigos, Ernesto Aburto, Eugenio Leytón, Chepe Chico Borge, Hermógenes Balladares, Manuel Eugarrios y otros que “me dispensaron verdadera amistad”.

“Me siento solo porque, aunque mi esposa me cuida con esmero, no tengo a mi lado mi máquina de escribir ni esos bellos amigos que son mis libros”.

Todavía los médicos no han determinado si darán de alta al colega Abelardo, sin embargo él confiesa que ha pasado “bastante decaído, pero a la hora de conversar con los que me quieren se me aviva la llama del espíritu”.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí