Grandes Mentiritas!

De pequeño algunas veces mintió a sus padres, pero como dice el dicho, que a todo marrano le llega su sábado, a Armando Mendoza le llegó el suyo. Su historia inicia cuando en una ocasión que estudiaba el sexto grado en el Instituto Pedagógico lo expulsaron por una semana. El jovencito todos los días como […]

De pequeño algunas veces mintió a sus padres, pero como dice el dicho, que a todo marrano le llega su sábado, a Armando Mendoza le llegó el suyo. Su historia inicia cuando en una ocasión que estudiaba el sexto grado en el Instituto Pedagógico lo expulsaron por una semana. El jovencito todos los días como de costumbre tomaba el recorrido para dirigirse a sus “clases”, pero una vez allí se dirigía al campo de fútbol para esperar que tocaran la campana de salida. Su mala suerte de niño mentiroso terminó cuando en una ocasión a sus padres se les olvidó darle dinero para comer en el receso. “Nunca pensé que mi mamá llegara a buscarme para darme el dinero. Yo no quería que se diera cuenta que me habían expulsado de clases”, recuerda.

Él, muy confiado en que sus padres no se darían cuenta del hecho, ese día hasta le dio por leer para esperar la salida, pero no fue necesario esperar más, pues su mamá de pronto estaba parada frente a él para pedirle explicaciones. Al pobre por su tremenda mentira le cayó la vaca, pues le dio una tremenda paliza primero su papá y luego su mamá, más la suspensión de las salidas y nada de dinero durante dos meses.

La mentira del amor

La peor mentira que un hombre puede inventar es hacerle creer a su novia que está siendo cortejado por otra mujer, cuando en realidad no existe tal persona. Eso mismo hizo Oliver de 19 años, al decirle a su novia que existía una mujer que estaba enamorada de él, pero solamente porque ésta en una ocasión le había dado celos y qué mejor manera para desquitarse y hacerle sentir celos a ella también con una historia de esta naturaleza.

“En una ocasión ella me dio celos, pero busqué otra manera de darle a ella también e inventé esa historia y comencé a inculcarle y a meterle en la cabeza que yo tenía una enamorada, la cual a mí me gustaba mucho también”.

Lo interesante comenzó una vez que una amiga de su novia lo miró con otra chavala bien abrazado en la universidad, sólo que la amiga, no sabía que con quien iba abrazado era nada más una buena amiga. El clavo estaba en que una vez que la amiga le contó el hecho a su novia, esto terminó por convencer a la joven de que en realidad existía esa mujer. Finalmente la joven le reclamó y le dijo que todo entre ellos había terminado.

“Al inicio me cortó porque terminó por creer la historia que le había inventado, pero al final terminó cortándome porque yo le expliqué que se trataba de una tremenda mentira que yo había inventado para darle celos”, dice Oliver.

La joven se convenció que todo era mentira, pero fue el motivo que llevó a que la relación terminara. Oliver se arrepintió una y mil veces por haber mentido y fue entonces que hizo ruegos, plegarias y promesas a su novia para que ella lo perdonara y regresaran. A los dieciocho días de silencio, la relación volvió a tener vida.

Mal parqueada

Olga Marina Rivas, de 21 años, acostumbraba ir regularmente al molino a moler maíz, así como visitar en esas ocasiones a un novio clandestino que trabajaba en la Asociación de Ganaderos de Nagarote. En una ocasión su visita fue interrumpida con la presencia de su papá en la asociación. Desafortunadamente su papá había visto la bicicleta parqueada en el portón, por lo cual se bajó del caballo para averiguar qué tenía que estar haciendo esa bici en dicho lugar.

“Mi susto fue cuando miré a mi papá preguntándome qué estaba haciendo allí y yo tratando de salir por la tangente, le inventé que se me había fregado la bici y había entrado a ese lugar para buscar ayuda”, comenta Olga.

Pero su argumento cayó, al momento que entró un señor de la asociación quien informó al padre de la joven que ella llegaba siempre para verse con un muchacho y que dejaba a un lado la pana del maíz. “Mi papá se enfureció y le dijo a mi mamá”, recuerda la joven, quien recibió una tremenda paliza por el novio clandestino y la mentira de la supuesta bicicleta fregada, pero nada fue suficiente para que dejara de ver al joven.

En plena besuqueadera

Una situación similar le pasó a Jenny Rivas, entonces de 17 años, pues mantuvo durante un año la mentira de que sus continuas visitas a un joven eran solamente por motivos de amistad. Todo estuvo a punto de descubrirse una vez que la empleada de la casa del joven los encontró dándose besos acaramelados, pero ésta ni corta ni perezosa le comentó la situación a la hermana del muchacho y así de lengua en lengua llegó a oídos de sus padres.

Sin embargo Rivas luchó por hacerles creer que todo era invento de la falaz doméstica. Su argumento no duro mucho tiempo, pues una vez su mismo hermano la encontró en plena romanceadera y qué más podría esperarse, Jenny recibió en su cuerpo las “dulces caricias” de una tajona.

“Mi mamá me metió una penqueada brutal por mi mentira, sobre todo porque se oponía a nuestra relación y me corrió de la casa, pero no me fui, hasta un tiempo después”, comenta la joven, luego de asegurar que aún continúa viéndose con su antiguo amor clandestinamente.

“El tiro, por la culata”

Eso mismo le pasó a Christopher López, de 25 años, quien, en un intento de mentirle a su novia ésta lo encontró con las manos en la masa.

“Tengo que entregar un trabajo enorme en la universidad y es necesario que me reúna con mis compañeros”, le dijo López a su novia, pero tal tarea no existía, esto sólo era un invento de él, para que su novia no se enojara porque debido al famoso trabajo López estaba cancelando una cita que tenía con ella.

Para hacer más creíble aquella mentira, nuestro amigo le dijo a la novia que si deseaba constatar lo que él afirmaba podía perfectamente ir a buscarlo a la universidad, pues allí lo encontraría.

Llegó el día de realizar el “trabajo”, el que verdaderamente consistía en una cita para tomar licor con sus amigos, en la cual las cervezas no faltaron. De pronto un joven se preguntó en voz baja ¿será o no será? Y enseguida pregunta ¿es mi novia? Y allí estaba el destino jugándole una mala pasada, era ella, su novia, la que con su presencia obligó al joven a buscar una excusa para aplacar los ánimos de aquella molesta joven.

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