Emilio R. Montes Flores
Como un hito histórico calificó el señor presidente la sentencia dictada por la Sra. jueza Gertrudis Arias en el caso del Canal 6, un hecho que sólo puede constituir un hito aquí en nuestro país porque lo que se acaba de sentenciar en esta primera fase del sonado juicio es a un grupo de delincuentes que cometieron fraude en perjuicio del Estado y una judicial cumpliendo a cabalidad con su deber, pero en el cual los principales culpables intelectuales y materiales aún conservan su libertad.
Lo hace un hito tal vez por los niveles de pudrición con que ha actuado el Poder Judicial como consecuencia de la politización del mismo y la incondicionalidad mostrada por parte de sus magistrados a los intereses partidarios y pactistas.
El discurso del Sr. Presidente en Monterrey pronunciado antes de regresar a nuestro país, nos transmite la sensación de haber arrancado con mano firme y decidida contra nuestro peor y principal enemigo en la actualidad la Corrupción.
Falta esperar la segunda parte del juicio en donde se pueden esperar sorpresas desastrosas a las que casi ya estamos acostumbrados, revertir la sentencia sería el colmo de los colmos, falta por ver hasta dónde llega la moral y la dignidad de la mayoría de los diputados de la Asamblea Nacional que a lo inmediato deberían poner en marcha mecanismos o los instrumentos necesarios para lograr la desaforación de todos los funcionarios que gozan de inmunidad inmiscuidos en el caso del Canal 6 y obligarlos a que respondan ante la Justicia.
Existe efervescencia popular por la sentencia emitida, pero si sólo se llegase a condenar a los ex funcionarios del Canal, esto los convertiría nada más que en chivos expiatorios de una acción delictiva, donde los principales culpables del fraude, y por lo cual deberían de ser los primeros en condenarlos tienen nombre y apellido, el Sr. Alemán y la Sra. McCoy.
Ese día entonces sí la sentencia se convertiría en un verdadero hito en la historia jurídica y política de nuestro país y marcaría desde luego el inicio del fin del funesto lastre de la corrupción.