Las relaciones entre Bolaños y Alemán

De acuerdo con la última encuesta de Borge & Asociados, 55.7 por ciento de la población nicaragüense estima que la presencia de Arnoldo Alemán en la Asamblea Nacional perjudica la gestión del presidente Enrique Bolaños, y tan sólo un 20.5 por ciento opina que la beneficia. De la substancial diferencia entre ambas opiniones puede inferirse que la mayoría de la población considera que al presidente Bolaños le conviene distanciarse de Alemán. La pregunta, sin embargo, no es si podrá hacerlo, sino también que si le conviene enfrentarlo.

No hay que olvidar que el ingeniero Enrique Bolaños llegó a la Presidencia de la República como candidato del Partido Liberal Constitucionalista, aunque una vez elegido anunció —correctamente, a nuestro juicio— que desde ese momento se quitaría la camisa roja y se pondría la azul y blanco, dando a entender que su gestión de gobierno sería en beneficio de toda la ciudadanía y no sólo del partido al cual pertenece.

Desde entonces el Presidente parece haber sido consecuente con sus palabras, y eso ha resentido a Alemán. La primera acción presidencial que afectó la relación entre ambos fue la independencia con la que Bolaños conformó su gabinete. Posteriormente, el retiro del gobierno de algunos funcionarios allegados a Alemán, y el destape de la corrupción en el Canal 6 de televisión, tensó aún más dicha relación.

En los círculos políticos liberales se perciben dos corrientes de pensamiento: una que favorece una relación armoniosa entre Bolaños y Alemán, y otra que se inclina por el distanciamiento. La primera se basa en que, quiera o no Bolaños, Alemán es el presidente de la Asamblea Nacional y el que controla los votos liberales, y que por lo tanto le conviene un entendimiento con éste. Quienes se inclinan por el distanciamiento creen que a Bolaños le favorecería políticamente, porque, después de todo, piensan ellos, Alemán no está en capacidad de oponerse a las iniciativas de ley de Bolaños, ni de impulsar leyes que de antemano supiera que serían vetadas por el Ejecutivo. Éstos también son de la opinión de que, en todo caso, la confrontación entre ambos líderes del partido de gobierno es inevitable, ya que si Bolaños cumple con su promesa de combatir la corrupción y de despartidizar las instituciones del Estado, tendrá, necesariamente, que impulsar leyes que perjudicarían los intereses de Alemán, y tendrá, además, que promover en los otros poderes del Estado a personas que no serían del agrado de Alemán

Por otro lado, los partidarios del distanciamiento de Bolaños con respecto a Alemán, consideran que esto no tendría mayores consecuencias para el Presidente. Señalan que Bolaños no está pensando en una reelección porque es una persona de 73 años de edad, y una reelección, de acuerdo a la Constitución Política, sólo sería posible cuando él tuviera 83 años. A esa edad es bastante improbable que cualquier persona esté pensando en asumir una carga tan pesada como es la Presidencia de la República. Ese hecho lo deja libre para no tener que estar buscando cómo congraciarse con el liderazgo del partido.

A nuestro juicio, quienes tienen la razón en esas diferentes corrientes de pensamiento son quienes abogan por el distanciamiento. El distanciamiento de Bolaños con respecto a Alemán es lo que más conviene a la bienandanza del actual gobierno, tanto por la mala fama de corrupto que tiene el ex presidente liberal sino también por el partidismo con que el cacique del PLC contamina todas las gestiones del Estado. Además, muchos liberales están conscientes de que les conviene sacudirse el control de Alemán, porque éste pretende repetir la historia de Zelaya o de los Somoza, quienes convirtieron al partido en un instrumento de sus ambiciones personales y las consecuencias en ambos casos fueron funestas.

Hasta el momento, el presidente Enrique Bolaños ha dado muestras de independencia. Y muy pronto, cuando haya que elegir a cinco nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, se verá si está dispuesto a enfrentar seriamente a Alemán. Es obvio que en la medida en que Bolaños continúe haciendo lo correcto mantendrá el apoyo popular. El peor error que podría cometer sería que la gente lo percibiera como subordinado a Arnoldo Alemán.  

Editorial
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