“Me gustaría llegar a Magistrado”

Con más de 40 años al servicio del gremio empresarial, el abogado Orestes Romero es, como él bien lo dice, el archivo del Cosep “donde usted puede encontrar algo que no lo encontrará en los mismos archivos”. En su memoria guarda los mejores y peores momentos que ha vivido el sector privado nacional a través […]

  • Con más de 40 años al servicio del gremio empresarial, el abogado Orestes Romero es, como él bien lo dice, el archivo del Cosep “donde usted puede encontrar algo que no lo encontrará en los mismos archivos”. En su memoria guarda los mejores y peores momentos que ha vivido el sector privado nacional a través de las distintas épocas, ahora quiere completar sus aspiraciones desde una magistratura del Poder Judicial.

Martha Danelia Corea [email protected]

Orestes Romero, Secretario Ejecutivo del Cosep, representa toda una leyenda para el sector privado nacional. Sin ser empresario o poseer negocio alguno, Romero cuenta con más de 40 años de servicio para la empresa privada nicaragüense.

Esos años le permitieron conocer diferentes administraciones, diferentes líderes empresariales. Hoy Romero, de 68 años, es la propuesta por parte del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) para optar al cargo de Magistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), pues Romero es abogado y notario público con 44 años de ejercicio profesional.

¿Cuándo y cómo llega a esta organización empresarial?

“En 1961 yo me incorporé a la Cámara de Comercio, (para) entonces se llamaba Cámara Nacional de Comercio, Agricultura e Industrias de Managua, y estando en ella se transformó a Cámara de Comercio de Nicaragua cuando vino el proceso de la integración centroamericana en 1963. Ahí permanecí 29 años, primero como oficial mayor, después como gerente, compartí con otros la gerencia y hasta diciembre de 1987 me retiré de la Cámara de Comercio para ir a colaborar a Cáritas de Nicaragua. Después me llamó el doctor Humberto Belli y trabajé con él por dos años. Me llamó después el licenciado Ramiro Gurdián Ortiz para ser cabildeador en la Asamblea Nacional por parte del Cosep en un programa que tenía con CIPE. Después de seis meses, me propuso hacerme cargo de la secretaría ejecutiva y ya me quedé desde 1991 aquí, desde entonces ocupo ese cargo, o sea, tengo 40 años de estar al servicio del sector privado”.

¿Es decir que usted le ha dedicado toda una vida al sector privado nacional?

“Efectivamente. He visto pasar una pléyade de hombres muy importante de la República, como han sido todos los presidentes, los miembros de los distintos consejos directivos tanto de la Cámara de Comercio como de aquí (en Cosep). He visto pasar un ejército de personas del sector privado como Roberto Lacayo Fiallos, Carlos Reyes Duquestrada, Humberto Belli. He convivido con personajes que incluso entregaron su vida en aras de la Patria como Jorge Salazar Argüello, Arges Sequeira Mangas. Ahora estoy con una pléyade de muchachos jóvenes y me sigo manteniendo porque uno viene a ser como una especie de archivo donde usted puede encontrar algo que no lo va a encontrar en los mismos archivos”.

¿Cuál ha sido el secreto para mantenerse durante tantos años al servicio del gremio empresarial?

“Congeniar con todos”.

Durante esos 40 años de servicio al sector empresarial, usted ha visto pasar cuatro gobiernos: el de Somoza, el Sandinista, el de doña Violeta y el del doctor Alemán, ahora el gobierno del ingeniero Bolaños, en esas negociaciones que se han entablado cuál… (hace una interrupción para aclarar).

“Dejaste dos (gobierno) por fuera: el del doctor Lorenzo Guerrero y el doctor René Schick Gutiérrez”.

Entonces, de esos seis gobiernos, ¿cuál fue el tiempo más duro que le tocó de negociaciones?

“El tiempo más duro que nos tocó fue desde 1978, después de la muerte del doctor Pedro Joaquín Chamorro. Estábamos reunidos la junta directiva de la Cámara de Comercio de Nicaragua cuando el general Anastasio Somoza Debayle invitó a la cámara de comercio —que era la líder en ese entonces— a platicar a Montelimar y la junta directiva le dijo que no, que ya no había nada que platicar. De ahí se vinieron sucediendo todos estos hechos hasta desembocar en la revolución en la cual participaron todas las organizaciones, pero eso ya es del conocimiento público que tuvo que distanciarse después porque no fue lo que se esperaba, entonces, la década del 80 fue la más difícil”.

¿Cuál fue el momento de mayor presión que tuvo el organismo empresarial?

“Fue en la década del 80, sobre todo cuando se echó preso a los dirigentes del sector privado por una carta que se le envió al señor Daniel Ortega Saavedra, unos fueron presos, otros se asilaron. En ese tiempo yo trabajaba con el licenciado Reinaldo Hernández y se asiló en la Embajada de Venezuela. Con posterioridad tuvimos otros que cayeron presos, que fue el licenciado Leonardo Somarriba junto con la licenciada Dora Lau y el ingeniero Gilberto Cuadra”.

¿Fueron los momentos de mayor presión y preocupación para el sector privado?

“Durante toda esa década fue de preocupación para el sector privado porque según el documento de las 72 horas que se dejó filtrar parecía que lo que se deseaba era terminar con el sector privado y usted se recuerda que hubo una famosa frase del comandante Humberto Ortega: ‘que van a faltar postes para colgar a los empresarios’. Entonces, había un justo temor de parte del sector empresarial. Luego vino la escasez en toda Nicaragua, ya no había divisas, entonces todo se hacía a base de trueque, las representaciones les fueron quitadas al sector privado y una parte de ellas las iban asumiendo algunos funcionarios de algunos entes autónomos.

Fueron tensiones fuertes…

“El sector privado quiso colaborar, pero vinieron organizaciones paralelas que creó el Frente Sandinista. Recuerde que en el Consejo de Estado teníamos seis asientos ganados y fueron desalojadas poco a poco las distintas organizaciones —tenía la Cámara de Comercio, el INDE, Conapro—, todas tenían su representación, pero cuando ya viene el cambio de la revolución en 1980 que ya hay una separación y un distanciamiento con el sector privado y también con la Iglesia Católica según el documento de las 72 horas”.

“Éste es un documento de una reunión del Frente Sandinista donde se da a conocer cuál será la estrategia y el desarrollo del nuevo gobierno que se instaló a partir de 1979 —o sea la Junta de gobierno— que más tarde ese documento de las 72 horas conduce a la separación de doña Violeta Barrios de Chamorro de la Junta de Gobierno y del ingeniero Alfonso Robelo”.

¿Y en este período, usted se quedó siempre acá en Nicaragua ejerciendo la función de cabildeador?

“Yo nunca he abandonado Nicaragua, ni aún en los momentos más álgidos, con todo el fragor de la guerra, yo viajaba todos los días de mi casa —en el reparto Motastepe— al Centro Comercial Managua para darle aprovisionamiento a los empleados y que no me abandonaran el local del Centro Comercial Managua. Eran momentos difíciles porque estábamos en plena guerra y el Centro Comercial Managua fue cuartel de la Guardia Nacional donde había algunos presos del Frente Sandinista”.

¿Qué pasó después con el triunfo de doña Violeta, cuál fue el papel del sector privado?

“Con el triunfo de doña Violeta, el sector privado recobra su hegemonía, pero acordemos que estamos saliendo de una economía altamente centralizada y dirigida y de una economía de guerra, el sector privado está empobrecido y en banca rota, entonces tiene que ver cómo obtiene nuevo financiamiento externo para poder establecerse, viene la transformación del comercio internacional, antes sólo lo hacía el Estado, con doña Violeta se le permite hacerlo a los particulares, no había bancos porque eran sólo del Estado, a pesar de que eso se establece en la Constitución, se buscan alternativas de hecho para que puedan establecerse los bancos y así hay nuevas leyes que prohibían el comercio y que se dejan a un lado hasta que venimos a la Constitución de 1995 en que ya se reconoce al sector privado como el eje del desarrollo económico y social”.

¿Entonces desde ese momento se vuelven pro-gobierno?

“Desde 1991, el sector privado respaldó y apoyó a doña Violeta, al siguiente candidato que fue el doctor Arnoldo Alemán y al actual presidente, el ingeniero Enrique Bolaños, quien estuvo seis años al frente del Cosep en los momentos más difíciles y álgidos del sector privado”.

¿Cómo fueron las relaciones del Cosep con el gobierno del doctor Arnoldo Alemán?

”Fueron buenas, pero no como se esperaban. Hubo un distanciamiento, que no sé de dónde provino, entre el presidente del Cosep, don Roberto Terán (q.e.p.d.) y el Presidente de la República (Arnoldo Alemán), pero al final de cuentas se empezaron a limar y se produjo un mayor afianzamiento en las relaciones. Con el ingeniero Bolaños, quien fue ex presidente del Cosep, se mejoran las relaciones y esperamos todo el apoyo que sea necesario”.

Si le tocara valorar cada una de estas administraciones, ¿cómo lo haría?

“El gobierno de los señores Somoza dio una estabilidad económica que alcanzó índices estadísticos que nunca los hemos podido alcanzar, había un equilibrio en la balanza comercial, la economía de Nicaragua era la más fuerte de Centroamérica; el problema radicaba en el aspecto político. Recuerdo que en tiempo de los Somoza existía la política de las tres P: Palo para los indiferentes, Plomo para el enemigo y Plata para el amigo”.

¿Y la época sandinista cómo la valora?

Desde el punto de vista económico, pésima, quebró al país totalmente; desde el punto de valores éticos y morales también quebró al país; desde el punto de vista de la familia, produjo la desunión de la familia; en lo político, nos aisló de los demás países”.

¿Y la época de doña Violeta?

“La época de doña Violeta es de reconciliación, en la cual tratamos de unirnos los nicaragüenses e inicia la transformación económica de la economía de guerra a la economía de mercado; de la restauración de las libertades, entre ellas la libertad de pensamiento y la libertad de expresión. O sea, que es totalmente lo opuesto (a la sandinista). Y la (época) del doctor Arnoldo Alemán consolida las políticas iniciadas por doña Violeta.

“En esta época de don Enrique Bolaños esperamos, no solamente consolidación del sector privado, de la apertura de los mercados y de mejorar nuestras relaciones con los demás países, sino que esperamos que se pueda elevar el nivel de vida de los nicaragüenses, combatir la pobreza pero a través de la inversión, es la única manera de combatir la pobreza, creando fuentes de trabajo. Si usted crea fuentes de trabajo, mantiene la estabilidad, depura la justicia y el Poder Judicial, entonces despartidariza todos los poderes del Estado, vamos a poder hacer algo, si no, la rueda de la fortuna nos va a demoler”.

Después de tantos años de servicio para el gremio empresarial, ¿cuál es ahora su mayor aspiración?

“Yo soy abogado y notario público y tengo 44 años de ejercer la abogacía y el notariado, nunca me he desvinculado de la profesión y quiero decirle que el Cosep me ha postulado para la Corte Suprema de Justicia y me gustaría llegar a ser magistrado de la Corte con lo cual yo coronaría mi carrera de abogado y notario público de 44 años”.

¿Le gustaría llegar a ser magistrado?

“Me gustaría y quiero serlo”.

¿Qué impulsaría como magistrado de la Corte?

“Aquí debe mejorarse la justicia, debe mejorarse porque el inversionista que viene aquí y ve que no tiene seguridad jurídica, pues no se instala en Nicaragua, se va a otro país”.

¿Promovería una reorganización del Poder Judicial?

“Propiciaría (una reorganización), ya que una sola golondrina no hace verano y sobre todo velaría porque la justicia fuera oportuna (en el tiempo). Figúrese que nosotros (Cosep) tenemos recursos de inconstitucionalidad de cuatro a cinco años y usted ve que sale libre la persona, no obstante que existe la comprobación de los hechos, como estamos viendo con el caso del Ministerio de Salud y otras cuestiones de checazos, que chorrea sangre porque toda esa plata es del pueblo; la quiebra de los bancos”.

Toda una vida de abogado

Nacido el 22 de octubre de 1934 en el barrio Sajonia, producto del matrimonio compuesto por Alfonso Romero Martínez (nicaragüense) y Amelia Rojas (chilena).

Sus estudios primarios los cursó en el Pedagógico de Varones de Managua; posteriormente viajó a Estados Unidos donde realizó estudios secundarios. Luego en 1952 se trasladan a Chile, donde en 1958 se gradúa de abogado y desde entonces ejerce su profesión de forma ininterrumpida “sin ser amonestado ni suspendido nunca”.

En ese mismo año regresa a Nicaragua ya casado con Blanca Inés Garrido —chilena—, con quien comparte su vida desde hace 45 años y con quien procreó tres hijos aunque ninguno vive con ellos “porque con la guerra se nos desbarató la familia”, dos están en Estados Unidos y una en Costa Rica.

Romero está siendo propuesto por el Cosep para magistrado de la Corte Suprema, cuya candidatura ya fue presentada por el organismo empresarial al presidente Enrique Bolaños; al titular del Parlamento, Arnoldo Alemán, y a los jefes de las distintas bancadas el pasado mes de enero.

Para el sector privado, considera que llega a trabajar “por pura casualidad”.

“El amigo mío que trabajaba para la Cámara de Comercio se fue para Estados Unidos y me dijo ‘quedás vos a cargo de la Cámara de Comercio’; yo venía de Chile y me dije: como tengo 10 años de estar fuera, a través de la Cámara me voy a dar a conocer. Sin embargo me fui quedando con el tiempo, pasaron 10 años, 29 años; entonces la Cámara de Comercio en reconocimiento a toda mi gestión me hizo socio honorario, soy el primer socio honorario que recae en una persona natural”, recuerda Romero.  

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