Satisfacción y productividad en el trabajo

José Leñero G. Los avances de la psicología en los años noventa encontraron que la satisfacción con el trabajo que realiza cada individuo, tiene relación con un estado de la mente que en inglés se denominó “Flow” y que se ha traducido (muy literalmente) como “Flujo”. Este es un estado en que, aunque se esté […]

José Leñero G.

Los avances de la psicología en los años noventa encontraron que la satisfacción con el trabajo que realiza cada individuo, tiene relación con un estado de la mente que en inglés se denominó “Flow” y que se ha traducido (muy literalmente) como “Flujo”. Este es un estado en que, aunque se esté trabajando en una tarea difícil y compleja, si quien lo hace se siente tranquilo e interesado, su cerebro trabaja focalizadamente y gasta un mínimo de energía, lo que hace que sienta que la tarea es sencilla, agradable y no fatigante.

En cambio, cuando el trabajador siente que la tarea es aburrida y su ánimo está apático, como también en el caso contrario cuando la siente amenazante y su ánimo se pone intranquilo o frenético, la actividad cerebral se hace difusa y su cerebro trabaja en alto nivel de activación, pero la acción de sus células se dispersa en forma irrelevante, causando fatiga y baja productividad.

Por este hecho curioso, que en un trabajo intenso y productivo el trabajador que lo hace con seguridad y a gusto consume poca energía y se fatiga poco, en tanto que en un trabajo flojo y aburrido de baja productividad, las neuronas consumen mucha energía y causa mayor fatiga, se dice que el Flujo es una paradoja neural.

El Flujo no es constante durante una tarea y su efecto a lo largo de su duración depende de la proporción del tiempo en que se trabajó en estado de “Flujo”, o sin él. Esta activación o desactivación del Flujo puede ser causada por los estados de ánimo del trabajador y también por la influencia de las personas que están en su rededor.

Si los jefes o compañeros del que realiza la tarea se preocupan por su apatía y frustración —o, también cuando advierten que está inquieto y nervioso—, y con actitud de apoyo le ayudan a comprender las causas de su estado de ánimo, la persona tenderá a serenarse y con ello a reactivar su Flujo.

Esa actitud de apoyo se llama Presencia Psicológica y requiere de quién la ofrece, estar libre de ansiedad y abierto a ayudar a los demás. Esto le permite compartir con el afectado uno de los grandes atributos del Flujo, que es poder dedicarse totalmente y con agrado, a lo que se está haciendo.

Por el contrario, si el afectado siente que a esas personas no les importa como se siente, o lo empeoran con actitudes críticas, el Flujo se desactiva y con ello el trabajador lo hace en forma maquinal y aburrida, lo que baja su productividad y el agrado por lo que está haciendo. Esta actitud de esas personas se llama Ausencia Psicológica y hace que el afectado quede fuera de Flujo.

Estudios de laboratorio recientes demuestran que este estado de Flujo o no Flujo, tiene expresiones bioquímicas medibles. En efecto, en estado de Flujo, el cerebro se llena de catecolaminas y otras sustancias activadas por el sistema suprarrenal que tienen la capacidad de incitar al cerebro a mantenerse atento —y hasta fascinado— y lo energizan para un esfuerzo sostenido. En cambio la falta de Flujo llena el cerebro de cortisol, sustancia química que lo incita al miedo al fracaso.

* Consultor internacional.  

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