En los diversos círculos políticos y sociales del país el principal tema de plática y controversia es la corrupción. Y en particular las conjeturas acerca de si el ex presidente Arnoldo Alemán podría o no ir a la cárcel como consecuencia de los múltiples casos de corrupción que han comenzado a ventilarse en los juzgados.
Algunas personas consideran que es imposible que los peces gordos vayan a la cárcel, mucho menos algunos como el ex presidente Alemán, porque supuestamente la justicia nunca castiga a los poderosos, y además, porque el pacto libero-sandinista —mediante el cual se distribuyó la mayor parte de los cargos judiciales entre fieles partidarios de los ex presidentes Alemán y Daniel Ortega— se hizo precisamente para garantizar la impunidad de ambos caciques. De manera que —aseguran los pesimistas, o realistas, como prefieren llamarse— aunque el presidente Bolaños quisiera ir a fondo contra los corruptos, sus buenas intenciones se estrellarán contra la impunidad forjada por el pacto Alemán-Ortega.
Pero otras personas hacen ver que también los corruptos poderosos y encumbrados caen del poder o van a la cárcel, como en efecto ya cayeron Fernando Collor de Mello, en Brasil; Abdalá Bucaram, en Ecuador; Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, en Perú; y Raúl Cubas en Paraguay. Y por otro lado consideran alentador que en varios países latinoamericanos se desarrollen actualmente movimientos cívicos contra la corrupción, inclusive en Nicaragua, donde pese al cansancio social cada vez más personas exigen un verdadero castigo a los corruptos.
Al respecto vale la pena señalar que en el informe de Transparencia Internacional sobre la Corrupción Mundial en 2001, se subraya que ahora más que nunca los ciudadanos de muchos países se movilizan para exigir cuentas claras a quienes tienen el poder y demandan que se dicten leyes y se implementen acciones concretas contra los corruptos. Eso mismo fue reconocido y ponderado positivamente por los presidentes Alejandro Toledo, de Perú; Gustavo Noboa, de Ecuador, y Fernando Henrique Cardoso, de Brasil, quienes participaron en la Asamblea Anual de Gobernadores del Banco Internacional de Desarrollo (BID) que se celebró del 11 al 13 de marzo corriente en la ciudad brasileña de Fortaleza. En esa ocasión, los tres mandatarios suramericanos advirtieron que la corrupción es uno de los principales enemigos de la democracia latinoamericana, pero también hicieron ver que más gente repudia ahora a los corruptos y se ha decidido a enfrentarlos tanto en las calles como en los tribunales.
En realidad, aplicar la ley y hacer justicia contra los corruptos es tanto o más importante que denunciarlos públicamente y desenmascararlos de manera implacable. Hacer justicia resulta imperiosamente necesario y urgente, porque las consecuencias de la impunidad, particularmente de los llamados “peces gordos”, pueden ser catastróficas para la estabilidad de las instituciones y la convivencia democrática y pacífica de la sociedad.
En términos generales tienen razón las personas que creen que a pesar de los malos antecedentes de los tribunales, todavía se puede esperar que en algunos casos se haga justicia y se castigue a los corruptos, inclusive a los más encumbrados, para sacarlos del poder y enviarlos a la cárcel.
La verdad es que la justicia funciona aunque sea de manera tardía y que no llega siempre por caminos rectilíneos. Y a pesar de que el pacto libero-sandinista se hizo para proteger la corrupción, es posible que la lucha del gobierno del presidente Bolaños, junto con las denuncias de la opinión pública nicaragüense y la presión de la comunidad internacional, haga que algunos jueces y magistrados asuman dignamente su deber de juzgar y condenar a los corruptos, inclusive si se tratara de personajes tan poderosos como el ex presidente Alemán si se le comprobaran los hechos que se le imputan.
El caso del fraude contra el estatal Canal 6 de Televisión es un asunto “pequeño” por la cantidad de dinero involucrada, pero es emblemático de la corrupción del gobierno anterior y muy significativo, en tanto que es el primero en el que el gobierno del presidente Enrique Bolaños se empeña a fondo. A lo mejor este juicio podría ser la oportunidad para que se dicte pasado mañana una sentencia justa y digna, y que se comience a desenredar la madeja de toda la inverosímil corrupción que hubo en el gobierno del ex presidente Alemán.