- Promesantes llevan a sus perros para pagar promesa a San Lázaro
Clarissa Altamirano/Corresponsal [email protected]
MASAYA.- Desde muy temprano decenas de promesante, devotos de San Lázaro de diferentes partes de Nicaragua, se congregaron con sus perros en la Iglesia de Magdalena de Monimbó, para pagar promesa por haber recibido la curación de sus mascotas y al mismo tiempo escuchar la misa.
Una de esas promesantes es Maria Vásquez, originaria de Jinotepe, quien dice que se levantó bien temprano para llegar al templo y pagar promesa con su pequeño cachorro que, asegura, fue curado de su enfermedad.
“Ésta es la primera vez que vengo. Me ha gustado mucho, y es una vez al año que se trae a la mascota, es una experiencia bien bonita”, explica.
Elba Gonzáles, a sus 65 años, relata que tiene más de 20 años de pagar promesa a San Lázaro. “Siempre vengo en compañía de mi familia a repartir chicha y a ordenar las candelas del altar de San Lázaro. Ésta es una promesa que voy a pagar hasta que Dios me preste vida”, manifestó.
ANTIGUA TRADICIÓN
Santiago Ñurinda Sánchez, historiador de Masaya, nos explica que esta tradición data desde hace siglos, cuando nuestros indígenas llevaban a sus perros indios a pagar promesa por haberlos salvado de algún envenenamiento, sarnas, ataque de parásitos y alguna otra enfermedad.
Los indígenas, además, llevaban sus ofrendas al Santo en señal de gratitud y fe por haber sanado a sus animales.
Ñurinda nos narra que desde el “Sábado de Lázaro”, en víspera de las festividades del Santo, el mayordomo con su cuadro alista el sitial donde San Lázaro recibe a sus devotos y promesantes, candelabros donde prenden unas candelas de sebo; una vez quemadas las candelas, los mayordomos las apagan ya convertidas en sebito de San Lázaro que cura las dolencias. Otras ofrendas constituyen flores, “milagros metálicos” y dinero en efectivo.
El historiador manifiesta que el indígena se sentía identificado con la parábola de la Biblia donde relata que existía un millonario llamado Epulón, que tenía todo en abundancia. Lázaro llegaba a su puerta a pedirle las migajas que caía de su mesa, pero el rico se la daba a sus perros. “Por muchos años el pueblo indígena fue marginado y aún lo continúa siendo”, afirma Ñurinda.
CONCURSO DE DISFRACES
La misa estuvo presidida por el obispo auxiliar Jorge Solórzano, quien pidió mantener viva la fe y tradición que caracteriza al pueblo de Masaya.
Después de concluir la Misa, muchos dueños de canes se dirigieron al edificio de la Cruz Roja, donde todos los años se organiza el concurso de disfraces de perros donde además de distracción con los exóticos disfraces, se venden comidas y refrescos. Todo lo recaudado es a beneficio de esta institución.
El jurado que elige a los perros está integrado por cinco personas que escogen el vestuario más colorido y estrafalario que usan los perros.