Más papistas que el Papa

María José Zamora*

Algo que me ha molestado, desde el día en que fue anunciado por el Consejo Supremo Electoral el avasallador triunfo de la fórmula Bolaños-Rizo, ha sido la actitud inquisidora e intolerante que cierto grupo de personas se han empeñado en fomentar contra la figura del Ing. Enrique Bolaños. Agresivos y envenenados dardos le son lanzados sin tregua alguna; desde todos los partidos políticos (incluyendo el liberal) y a través de todos los medios, y desde las “cómicas” caricaturas hasta los serios editoriales radiales y escritos. Estas personas, por la magnitud de sus reclamos, parecen estar convencidas de que el 10 de enero el Ing. Bolaños, además de la Banda Presidencial, recibió un poder divino que lo convirtió en todopoderoso.

Don Enrique seguramente ha cometido y va a cometer errores; pero indudablemente éstos no serán ni de la magnitud ni de la malignidad de los cometidos por anteriores gobernantes. Sin embargo, constantemente leo en los periódicos o escucho por la radio todo tipo de “advertencias” para el presidente Bolaños, donde prácticamente le exigen determinada actitud so pena de ser considerado apañador, corrupto, débil, pactista, mentiroso, traidor, etc. Estas personas tienen una profunda miopía histórica y ya no recuerdan por culpa de quiénes estamos como estamos. Se les olvida que la corrupción del gobierno de Alemán es el fruto del entendimiento entre las cúpulas sandinistas y liberales. Se les olvida que en esta corrupción participaron, y participan actualmente en la Asamblea Nacional, sandinistas y liberales por igual. Se les olvida que el gobierno de doña Violeta fue un co-gobierno con los sandinistas. Y por último, su miopía no les permite ver que en todo caso, el enemigo del pueblo no está en el Ejecutivo sino en la Asamblea.

Por primera vez, en mis casi cuarenta años de vida, siento que esta es nuestra gran oportunidad de cambiar a Nicaragua, de vencer… como dijo don Enrique el 10 de enero: “…los grandes vicios que han caracterizado históricamente nuestra sociedad: la corrupción, la perversión en el uso del poder y el caudillismo”. Ayudemos al Ejecutivo en la ardua tarea de desmantelar la industria de la corrupción; es también nuestra responsabilidad. Denunciemos y critiquemos constructivamente los errores; pero no queramos disfrazar resentimientos, envidias y avidez de protagonismo y poder, con discursos moralistas y patrióticos. En otras palabras: “No seamos más papistas que el Papa.”

Un buen ejercicio para no ser tan intransigentes, es imaginarse cómo estaría Nicaragua a escasos dos meses de la toma de posesión del nuevo gobierno, si la fórmula presidencial ganadora hubiera resultado ser la de Ortega-Jarquín. ¡Haga la prueba! y se dará cuenta que con don Enrique nos sacamos el Premio Mayor.

* La autora es psicóloga
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Editorial
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