Familia y Estado

Evin Manuel Rosales A.*

En el día Internacional de la Familia que celebramos hoy, conviene recordar que la familia es una comunidad de personas, la célula social más pequeña, y como tal, es una institución fundamentalmente importantísima para la vida de toda sociedad.

Por tanto, la familia como institución espera de la sociedad ser reconocida en su identidad y aceptada en su naturaleza de sujeto social. La familia como comunidad de amor y de vida, es una realidad social sólidamente arraigada y, a su manera, una sociedad soberana, aunque condicionada en varios aspectos. Al afirmar la soberanía de la Institución-Familia, conlleva a hablar de los derechos de la misma. En efecto, si la familia es comunión de personas, su propia realización depende en medida de la justa aplicación de los derechos de las personas que la componen, entre estos derechos tienen singular importancia el derecho a la propiedad, el derecho al trabajo, el derecho a la vida, el derecho a la libertad de expresión, el derecho a la salud y a la educación.

Por otro lado entre familia, nación y Estado, existe un principio de subsidiaridad por el cual el Estado está llamado a intervenir allí, donde la familia no dispone de los medios necesarios para realizar sus fines. Pero, de igual forma hay que dejarla actuar autónomamente; pues una excesiva intervención del Estado resultaría perjudicial, además de irrespetuosa, y constituiría una violación patente a los derechos de la familia; pues sólo ahí donde la familia no es autosuficiente, el Estado tiene la facultad y el deber de intervenir, tales casos se relacionan con el trabajo, la salud y la educación.

En Nicaragua, como en el resto de las naciones subdesarrolladas el desempleo constituye, en nuestros días, una de las amenazas más serias para la vida familiar y preocupa justamente a toda la sociedad. Este gran problema social como lo debemos llamar supone un gran reto para la política de cada Estado; es urgente poner remedio a ello con soluciones valientes, que miren a tantas familias para las cuales la falta de trabajo lleva a una situación de dramática miseria, de disgregación familiar, de una fuga de capital humano dejando su Patria, su hogar, en busca de mejores condiciones de vida.

En ocasión del Día Internacional de la Familia, queremos exhortar al Estado y a todos los núcleos familiares internacionales a tener presente en sus políticas económicas y sociales a la familia, ningún programa económico debe estar por encima de la dignidad familiar ni atentar contra sus derechos que nacen con la misma persona; entre ellos el más importante de todos como es el derecho a la vida, a la integridad y a la seguridad. El fin no justifica los medios, no debemos condenar a miles de familias a vivir en la miseria y en condiciones cada vez menos dignas con el objeto de lograr una “superpotencia” en desarrollo, no está permitido hacer un mal, para obtener un bien; todo debe redundar en un bien social; de lo contrario se estaría cometiendo una injusticia, pues el mayor de los males sociales es una desequilibrada distribución de las riquezas.

Si queremos una Nicaragua en justicia social debemos procurar un programa económico que genere más empleos, mejores oportunidades de educación, salud y salarios dignos para todos. La familia está en el centro de todos estos problemas y cometidos, relegarla a un papel subalterno y secundario, excluyéndola del lugar que le compete en la sociedad significa causar un grave daño al auténtico crecimiento de todo el cuerpo social.

* El autor es presidente de la Asociación Integral de la Familia Juan Pablo II.  

Editorial
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