Andrew Selsky (AP)
BOGOTÁ.- Hace diecinueve años, Álvaro Uribe acompañó el ataúd de su padre hasta el cementerio, denunció a los rebeldes que habían sido acusados de darle muerte, y pidió el fortalecimiento del Ejército para combatirlos.
Hoy día, al aproximarse las elecciones del 26 de mayo, Uribe parece destinado a ser el próximo presidente de Colombia, lanzado a la cima de las encuestas por su promesa de hacer frente a la guerrilla con una mano más fuerte que la del presidente Andrés Pastrana.
El auge de Uribe, de 49 años, se presenta en momentos en que el conflicto interno colombiano se intensifica, cuando el gobierno del presidente norteamericano George Bush se prepara para ampliar la ayuda militar estadounidense a este país, y cuando un número cada vez mayor de colombianos pide un tratamiento más firme contra los rebeldes.
Pastrana, quien por ley no puede buscar la reelección, vio frustrados en febrero sus tres años de gestiones de paz. Uribe virtualmente acusa a Pastrana de blando y de carecer del respeto del Ejército.
“Lo que más falta es un gobernante civil de elección popular, que ellos (los militares) acaten y respeten, y que los dirija en el propósito de frenar a los violentos”, dijo recientemente a la AP en una entrevista.
Uribe, quien está haciendo campaña como independiente, demostró su popularidad en las elecciones legislativas del 10 de marzo, cuando con su apoyo logró que docenas de candidatos salieran elegidos.
Horacio Serpa, ex ministro del Interior y candidato del partido liberal —quien está de segundo en la última encuesta, con sólo un 24 por ciento de apoyo comparado con el 60 por ciento de Uribe—, ha intensificado su retórica contra la guerrilla desde la ruptura del proceso de paz.