Más de ochenta mil sindicalistas marcharon por las calles de Barcelona en oposición a las reformas del mercado laboral que discutió el Consejo Europeo este fin de semana en la ciudad española.

Europeos tendrán que trabajar más

La UE quiere tener más fuerza económica que EE.UU., pero su población trabaja menos y produce menos que la norteamericana Douglas Carcache [email protected] BARCELONA.- La Unión Europea intentará con desesperación crear 20 millones de nuevos empleos antes del año 2010, y para eso necesita quitarle trabas al mercado laboral, a lo que se oponen los […]

  • La UE quiere tener más fuerza económica que EE.UU., pero su población trabaja menos y produce menos que la norteamericana

Douglas Carcache [email protected]

BARCELONA.- La Unión Europea intentará con desesperación crear 20 millones de nuevos empleos antes del año 2010, y para eso necesita quitarle trabas al mercado laboral, a lo que se oponen los ciudadanos que temen perder los beneficios sociales que por décadas han mostrado a Europa como un modelo de justicia social ante el mundo.

El primer ministro británico, Tony Blair, dijo que la opción de que Europa mejore su economía es abrir los mercados y hacer que el mercado laboral sea más activo, “que la gente trabaje en vez de depender de los beneficios sociales, invirtiendo en educación y formación profesional”.

España, que preside la UE entre enero y junio de este año, planteó que sin reformas es difícil conseguir el pleno empleo que se han propuesto para que la región compita en lo económico con Estados Unidos de América.

En protesta, más de 80 mil sindicalistas europeos marcharon por las calles de Barcelona para pedir al Consejo de la UE, reunido aquí, que busque el pleno empleo pero con derechos sociales.

POCA PRODUCTIVIDAD

El problema es que durante los últimos diez años los ingresos de los europeos han bajado en relación con Estados Unidos, porque la población norteamericana trabaja más y produce más, según datos de la Comisión Europea.

En la Unión Europea trabajan menos personas de las que están en capacidad de hacerlo, y, además, los que trabajan son menos productivos, razones por las que el ingreso de los ciudadanos cayó en un 6 por ciento entre 1991 y 2001, frente al de los estadounidenses, indica el informe de competitividad de la Comisión Europea.

Eso parece ser consecuencia de una variedad de incentivos que reciben los europeos, y por eso unas 350 empresas grandes tratan de influir en las autoridades europeas, asentadas en Bruselas, para que sea liberalizado el mercado laboral.

Las empresas españolas, por ejemplo, tienen que pagar 40 días de salario por cada año trabajado a un empleado que ha sido despedido, y, aparte, la Seguridad Social le otorga durante año y medio una pensión por desempleo de hasta un 75 por ciento del ingreso básico que devengaba, si laboró un mínimo de tres años.

Coberturas sociales como esas podrían desaparecer a medida que los gobiernos europeos acuerden reducir el costo laboral de las empresas y propiciar la competitividad.

España propuso este fin de semana reformar el sistema laboral, en busca de “el equilibrio en el funcionamiento de las empresas y los intereses de los trabajadores”, así como la “flexibilidad y seguridad en el empleo”.

La meta: convertir a la Unión Europea en la región “más competitiva y dinámica del mundo”, con una economía “basada en el conocimiento”, capaz de crear “mejores empleos y mayor cohesión social”.

COMPETENCIA PELIGROSA

La flexibilización de las leyes laborales puede provocar nuevos conflictos sociales si los inmigrantes, latinoamericanos o africanos, consiguen ventajas sobre los nacionales para conseguir empleo, debido a que aquellos están dispuestos a realizar jornadas más duras y aceptan cualquier paga por debajo del salario mínimo establecido, advirtió Joan Chavero, funcionario de la Asociación de Municipios de Cataluña, España.

El desempleo en España ha crecido más del 12 por ciento, mientras la inmigración “es un fenómeno en crecimiento, sin saber qué ritmo puede tener”, según Chavero, quien coordina el área ocupacional de una organización que representa a más de 550 municipios catalanes.

Los ayuntamientos, explicó, empiezan a tener dificultades presupuestarias por la presencia creciente de inmigrantes, que ya pueden ser el tres por ciento de la población y demandan atención social.

Un problema mayor sucedería si entran en competencia inmigrantes y ciudadanos nacionales, por el empleo, porque al perder éstos protección social tendrían que buscar ingresos adicionales en sectores productivos donde hoy tiene preferencia la mano de obra barata, explicó.

“La liberalización económica va a generar tensiones sociales… ¿Te imaginas que en un edificio habiten mitad inmigrantes y mitad españoles, y que los primeros tengan trabajo y el resto no? Creo que sería una falsa igualdad de oportunidades”, reflexionó Chavero.

España es el tercer país de la Unión Europea con los salarios más bajos, pero sólo el 12 por ciento de los españoles parecen dispuestos a trabajar en el extranjero, según investigaciones recientes.

El salario mínimo en España, de unos 500 dólares, ni siquiera es la mitad del de Luxemburgo que supera los 1,100 dólares. Sólo Portugal y Grecia tienen salarios inferiores al mínimo español.

Mientras, el 70 por ciento de los empresarios europeos consideran que necesitarán una mayor movilidad laboral de sus empleados, en los próximos cinco años, para que sus negocios puedan volverse más competitivos.  

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