- Aunque los datos preliminares indican que la recolección fue menor de la esperada por las autoridades de Educación
Amalia Morales [email protected]
La proyección de reunir 300,000 cuadernos y lápices para repartirlos entre 60,000 niños será un sueño pendiente para el próximo “Hablatón” del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD).
La jornada del Hablatón Educativo, que arrancó ayer a las nueve de la mañana y cerró al caer la tarde, logró la donación preliminar de 150,000 cuadernos y 120,000 lápices, casi la mitad de lo previsto.
Se estima que hay otros 50,000 artículos escolares, como borradores y tajadores.
Pero las autoridades educativas se mostraron satisfechas y optimistas con los resultados de la campaña educativa.
Miriam Zablah, Viceministra de Educación, no se sintió defraudada con los resultados. Dijo que ayer al final de la tarde no se tenía el recuento de la mayoría de los 20 centros de acopio que se instalaron en la capital.
Zablah cree que con el conteo final de los donativos ajustará los 200,000 cuadernos y lápices que se recogieron en la campaña del 2001.
“No sabemos, porque todavía las alcancías están llegando. Yo estuve en tres gasolineras y varias de ellas estaban llenas”, afirmó la funcionaria.
Los resultados oficiales serán dados a conocer hoy.
EMPRESA PRIVADA Y GOBIERNO APORTAN
Con esa cantidad de útiles escolares fueron favorecidos 40,000 niños de los municipios más pobres del país, identificados de acuerdo con el mapa de pobreza.
El mayor aporte al Hablatón lo hicieron empresas privadas, seguidas de las instituciones del gobierno, que todavía anoche entregaban su aporte a la causa educativa que promueve el MECD.
Empresas como Hispamer aportaron 3,000 dólares en libros, e instituciones como el Banco Central de Nicaragua (BCN) ofrecieron un aporte de 15,000 córdobas.
ESTUDIANTES SOLIDARIOS
Otros aportaron tiempo y trabajo al Hablatón. Fue el caso de un grupo de estudiantes del quinto año vespertino del Instituto Autónomo 14 de Septiembre, que se apostaron durante la tarde en los semáforos de Rubenia.
Con una identificación redonda de papel fosforescente y un vaso mediano de Coca-Cola en la mano, Karen Jáen y otros siete compañeros, sortearon los carros en el semáforo mientras pedían una contribución para los escolares más pobres.
“Venimos por voluntad propia”, afirmó la estudiante, y agregó que sin exigencias aportó un lápiz y un cuaderno en la escuela.
“También tenemos necesidad, pero hay otros que la tienen más que nosotros”, dijo asoleada Aurora Suárez, quien no obstante se quejó de maltrato y poca colaboración de los conductores que transitaron por allí.