Marcelo AparicioAFP
BARCELONA.- El movimiento antiglobalización, que quiere dejar una impronta importante de sus reivindicaciones en ocasión de la próxima Cumbre Europea de Barcelona, los días 16 y 17 de marzo, desplegará un amplio abanico de manifestaciones, que controlarán unos 8,500 agentes policiales.
Ese dispositivo policial es el previsto para toda la duración de la cumbre y las movilizaciones callejeras que, entre la del jueves y la del sábado, podrían sumar casi 100,000 personas, según primeros cálculos.
Las fuerzas de seguridad han acordonado la zona de Diagonal —escenario principal de la cumbre— convertida en una especie de “búnker” rodeado de vallas y controlado, por ahora, por la Policía Montada.
Las medidas de seguridad de la cumbre, que se celebrará en el Palacio de Congresos, obligarán a cerrar la avenida Diagonal al tráfico privado. Para establecer un perímetro de seguridad se colocaron vallas en torno al Palacio, y a los hoteles Juan Carlos Primero y Princesa Sofía, donde se alojarán las delegaciones que acudirán a la cita.
Además, las autoridades españolas han restablecido desde el sábado pasado los controles fronterizos entre España y Francia, y en los aeropuertos, para evitar la entrada de grupos violentos que puedan provocar incidentes en la capital catalana.
La agenda de actividades prevista por grupos antiglobalización como alternativa a la reunión de jefes de Estado es muy apretada y dispersa. Las convocatorias proceden de dos organizaciones que participarán por separado en distintos actos, pero coincidirán, aunque con diferentes consignas, en una macromanifestación de protesta el próximo sábado 16 por el Paseo de Gracia.
Las dos plataformas son el Foro Social de Barcelona —un comité permanente creado en noviembre pasado para agrupar a toda la izquierda institucional catalana y que aglutina a unas 42 organizaciones—, y la campaña contra la Europa del Capital y la Guerra, plataforma más radical.
En el último momento se sumó una plataforma catalana contra la Europa del Capital, integrada por la minoría independentista radical que acogerá en su seno a los militantes separatistas vascos de Batasuna, considerada el brazo político de ETA, y de quienes intentan alejarse de las otras dos plataformas, ya que temen sus eventuales provocaciones a las fuerzas del orden.
Si la primera busca una alternativa, pero sin dejar de apoyar el proceso de construcción europea, la segunda considera inútil tratar de cambiar las instituciones y apuesta por el enfrentamiento, aunque de forma no violenta.