Edgard Rodríguez C. [email protected]
Si algo faltaba para llegar a la conclusión de que la carrera de Rubén Rivera iba hacia ningún lado, eso ocurrió ahora, cuando los Yanquis lo han separado por haberse robado un bate y un guante de Derek Jeter, los que vendió a un coleccionista en 2,500 dólares.
Rivera recuperó luego ambos artículos, pero ya era demasiado tarde como para salvar su carrera con los Yanquis, quienes le brindaban una nueva oportunidad tras haberlo firmado originalmente en 1990 a través del scout panameño Carlos “Chico” Heron.
La primera vez que supe de Rivera fue a través de la revista Baseball Digest. George Vecsey, un especialista en béisbol, realizaba un análisis y situaba al frente de todos los prospectos a Rubén, un recio cañonero que excitó tanto a los Yanquis, que esperan en él al próximo Mickey Mantle.
“Éste no puede fallar. Tiene todas las herramientas para convertirse en un superestrella”, decía el experto, mientras se mostraban las brillantes cifras de Rivera en Triple A, donde a menudo se le miraba disputar la triple corona ofensiva. Era muy completo.
Los Yanquis comenzaron a preservarlo como una joya dentro de sus sucursales y salieron de él sólo a través de un canje que se pensó sería productivo. Fue a San Diego a cambio de Hideki Irabu, en aquel momento el mejor lanzador del béisbol japonés.
Sin embargo, no pudo responder a las expectativas con su juego siempre inconsistente. “A ratos luce como un nuevo Willie Mays y en otros instantes decepciona. Así no podemos seguir”, dijo Kevin Towers, gerente de los Padres, mientras era dejado en libertad.
Luego de un breve y poco reluciente paso por Cincinnati, Rivera estaba de regreso a los Yanquis y parecía en ventaja sobre Gerald Williams para el puesto de jardinero central suplente. Pero su robo lo ha puesto fuera y el desprestigio de su imagen puede ser fatal.
Rivera había firmado un contrato por un millón de dólares con los Yanquis. Financieramente no estaba en problemas. Sin embargo se complicó y echó por tierra lo que quedaba de su carrera. Y pensar que una vez se creyó que ahí estaba el próximo Mickey Mantle.
Uno de los casos más sonados en este sentido, había sido el de Jennifer Capriatti, la tenista que fue encontrada sustrayendo artículos de escaso valor en un supermercado. Luego se descubrió que había sido acorralada por las drogas, y tras una larga rehabilitación, está de vuelta.
John Croce, preparador físico de los Sixers de Filadelfia en la NBA, quien además es hermano del presidente del club, Pat Croce, fue despedido cuando a través de vídeos del circuito cerrado, se le observó extrayendo dinero del pantalón de Allen Iverson, la estrella del club.
Otro caso sonado fue el de Albert Connell, recibidor de los Santos de Nueva Orleans en la NFL, quien fue arrestado por haberle robado más de 4,000 dólares a su compañero Deuce McAllister. Connell fue botado por los Santos el mes pasado.