Reglamentos y liga

Tito Rondón [email protected] En alguna ocasión hemos mencionado que ya que la federación nacional de beis es rectora de la pelota, pues debería evitar los disparates más grandes de la liga de Primera División (y de las demás). Desgraciadamente Carlos García, sin duda aprendido en la universidad de las malas experiencias, maneja el beis con […]

Tito Rondón [email protected]

En alguna ocasión hemos mencionado que ya que la federación nacional de beis es rectora de la pelota, pues debería evitar los disparates más grandes de la liga de Primera División (y de las demás).

Desgraciadamente Carlos García, sin duda aprendido en la universidad de las malas experiencias, maneja el beis con viveza y con maña, no necesariamente con la visión de un estadista.

En otras palabras, trata de sobrevivir, no de crear una organización que vea hacia el futuro. En parte es culpa de la política; los trogloditas que mandan (desde abajo, desde arriba y desde los lados) poco a poco irán desapareciendo. Mientras tanto, muchos de ellos son directivos.

Entonces Carlos se guarda un par de ideas a las que da prioridad, como por ejemplo para el campeonato del 2002, prohibir la traída de extranjeros, bajar los sueldos a como dé lugar incluyendo el establecimiento de un límite salarial, evitar los trabucos limitando el número de peloteros de calidad que puede tener cada equipo, y tratar de asegurar el futuro inmediato obligando a los clubes a jugar con diez jugadores de poca o ninguna experiencia cada uno.

Pero eso no nos concierne hoy. Lo importante es que el resto del reglamento Carlos se lo entrega a los directivos igual que un juguete a un niño; se sabe que lo van a desbaratar pero dejan de molestar un rato.

Entonces vemos medidas insólitas: un mes antes de terminar el torneo se cierran las inscripciones. Es absurdo, y además atenta contra nuestros buenos jugadores.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que inevitablemente algunos peloteros se van a lesionar o enfermar, y alguno se va a quedar sin jugar por un período largo de tiempo.

Pero resulta que no se pueden reponer, porque la baja por “prescripción médica” se trata igual que cualquiera otra, es decir, no hay repuestos.

Eso quiere decir que si el lesionado es, digamos, un lanzador estelar, el equipo tendrá una baja sensible que puede reponer de una manera nada más: aumentándole el trabajo a los otros pítcheres buenos del conjunto.

Lo que a su vez lleva a brazos desgastados y más lesiones.

Se introdujo ayer la moción de que un pelotero lesionado podría ser sustituido por un novato categoría C, pero los directivos, temiendo algún complot imaginario y creyendo que algún gangster de entre ellos se les montara arriba, vetaron la idea.

Se dijo que la lógica era “imitar las Grandes Ligas”, pero se hace todo lo contrario. En las Mayores se cuida el espectáculo, para lo cual se aseguran que los equipos tengan el roster completo para cada juego, y para cada serie corta de postemporada.

Si se lesiona un pelotero justo antes de la Serie Mundial, se les permite reponerlo en el roster por otro. Obviamente, esos dueños piensan al contrario de nuestros directivos.  

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