- El don de manipular el “bejuco de San Blas”, con el que se detecta la presencia de agua
en las profundidades de la tierra, es muy propio de don Enrique Rojas Hernández,
un campesino originario de la comunidad de Tecomapa, en el departamento de Carazo
Lucía Vargas C.CORRESPONSAL/[email protected]
Don Enrique Rojas Hernández, a sus 82 años, es todo un personaje del campo, quien asegura que con apoyo del “bejuco de San Blas” ha logrado que se perforen más de una docena de pozos en la zona costera de Carazo.
A lo largo de 60 años, don Enrique dice que ha puesto en práctica esta técnica, con la propiedad que Dios le dio. Con sus sabias enseñanzas este campesino impresionó a un grupo de periodistas y autoridades de Jinotepe, Diriamba y del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (Marena), que llegaron hasta su propiedad llamada El Jícaro, ubicada en Tecomapa, comarca rural de Jinotepe.
Una demostración hecha por este audaz campesino, tal como él lo concibe, dejó claro que el Creador premia al hombre con dones que le permiten ganarse la vida.
Y es que don Enrique Rojas por ese trabajito se gana sus centavos para subsistir con su familia, pero además se dedica a sembrar la tierra.
Para don Enrique, ese bejuco es el ideal para descubrir agua a profundidades de hasta 60 varas, tras afirmar que sólo una persona entre 100 tiene la propiedad de manipular el bejuco y encontrar el vital líquido, incluso, en las zonas más inhóspitas de la tierra.
CÓMO USAR EL BEJUCO
Don Enrique mostró cómo detectar el agua, colocándose el bejuco a ambos lados de su cintura, luego camina lentamente y el bejuco va levantándose en señal de que en el terreno que está pisando hay agua.
-Explicó que a medida que se va detectando el manto acuífero el bejuco se eleva hasta unas 14 varas, y un fenómeno extraño ocurre, cuando logra mayor elevación el bejuco se va retorciendo, por lo que se tiene que sostener con mucha fuerza.
-Según el campesino, gracias a él muchos pozos que se han perforado en La Trinidad, Los Baltodano, San Sebastián y San Miguel del Guayacán, entre otros, son una realidad para miles de familias que habitan esos campos.
-Refiere que por poseer ese don han solicitado sus trabajos desde ciudadanos hasta empresas de acueductos.